Enfrente de una izquierda muy fragmentada, crítica y con frecuencia desubicada, la derecha mantiene una tradición de voto masivo y en bloque. Por eso la alta participación le perjudica y rechaza abiertamente iniciativas de promoción del voto. Democracia y Constitución sí, pero sólo si les va bien.
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Bacterio me informa en sus comentarios de que en radio Contrabanda los viernes se están emitiendo programas especiales de debate sobre las Elecciones Generales 2008. Creo que valdrá la pena escucharlos y participar: voces ciudadanas en estado puro, sin políticos.
Se acerca el día de ir a las urnas y creo que es la primera vez en unas elecciones que un colectivo ciudadano promueve el voto: No vamos a ser menos tiene la iniciativa de conseguir que los andaluces no se queden atrás en el número de votantes respecto a otras comunidades autónomas en las que la participación anteriormente fue muy alta. Son una marea que se mueve entre los blogs y en la calle con un manifiesto, báners y propuestas.
En mi caso Andalucía queda un poco lejos, pero estoy totalmente de acuerdo con las tesis de este grupo. Tenemos que mover el culo y votar todos, por muchas razones:
- Si no votas, los medios deciden el significado de tu no-voto.
- Porque para decir “sois todos una puta mierda” puedes votar nulo.
- Porque si no hay nadie que te convenza, y no llegas al punto de sacar bilis por la boca, puedes votar en blanco.
- Porque es nuestro derecho, ganado después de años de represión franquista, y si lo dejamos a un lado será fácil perderlo.
- Porque te sientes bien al salir de casa y participar.
- Porque no sólo existen PP y PSOE (aunque se empeñen en convencernos de lo contrario).
- Porque para que se enteren de que nos gustan (o no) tenemos que gritar con nuestro voto de una manera inequívoca.
- Porque ellos tienen nuestro dinero en sus manos y nosotros la papeleta.
- Porque la variedad de opiniones se tiene que reflejar en las Cortes y la tuya también cuenta.
El día 9 moveré el culo. ¿Y tú?
¿Alguien me puede decir qué hace Gallardón en el PP? Esperemos que lo haga por convicción y no por hacer la puñeta. Desde luego, no pega en el partido donde está.
Como mujer, todavía estoy intentando entender una cosa: resulta que quieren arreglar el problema que existe con las tallas y unificar criterios, no sólo para que no nos volvamos locas a la hora de ir a comprar ropa, sino también, creía yo entender, para combatir la anorexia, la bulimia y demás. Vale, hasta aquí todo claro.
Lo que no termina de cuadrar, al menos en mi opinión, es que hayan divulgado los tres tipos de mujeres en los que nos podemos clasificar: diábolo, campana o cilindro. ¿De verdad se trata entonces de combatir las enfermedades antes mencionadas?
A lo mejor yo estoy demasiado sensibilizada con el tema, pero igual que yo lo estarán los cientos de personas que alguna vez han pasado por ese infierno.
Yo caí en el pozo, y estuve muchos años allí dentro, sola, atemorizada. Hasta que un día llegó a mi vida alguien que me hizo ver que había que salir de allí y que merecía la pena. Se tiró al pozo conmigo y me cogió de la mano, y juntos emprendimos un largo viaje, una dura escalada que nos llevaría al exterior. Y ahí me encuentro desde hace años, en el exterior del pozo, pero siempre sentadita al borde, mirando al fondo.
El viernes vi en uno de esos periódicos gratuitos la dichosa clasificación, y ya desde que lo leí empecé a mentalizarme de que al llegar al trabajo alguien me clasificaría en alguna de las tipologías de marras. Y aunque a muchas personas les pueda parecer una tontería, mi cabeza sólo podía pensar: “¿qué me tocará, diábolo o campana?”. Porque cilindro tengo claro que no.
Pues bien, no me equivoqué y lo primero que oí al llegar a la oficina por parte de un compañero fue lo siguiente:
—¿Y tú qué eres?
—Ni lo sé ni me importa —dije, en un intento fallido de que el tema no fuese a más.
Una compañera comentó entonces:
—Pues yo diría que ella es diábolo. Bueno, no, más bien un poco campana…
—Sí, más bien campana —acabó diciendo el compañero que lanzó la pregunta inicial.
Y ese simple comentario, al que mucha gente ni siquiera prestaría atención, supuso una regresión muy importante para mí. Se abrieron muchísimas puertas que creía cerradas y me invadió la necesidad de tirarme de nuevo al pozo.
Todo esto duele, duele mucho. Y sobre todo duele el poco tacto de la gente. Será porque las personas que hemos pasado por esto hemos desarrollado una sensibilidad especial, será que nosotras y nosotros sabemos que el más mínimo comentario dirigido a la persona equivocada puede acabar en una tragedia…, no sé qué será, pero a mí no se me ocurriría tener la osadía de decirle a nadie si es un diábolo, una campana, un cilindro, un botijo o un barrilete, que también los hay.
Afortunadamente, el chico que me sacó del pozo sigue a mi lado y una vez más, intuyendo mis intenciones, evitó lo que yo creía inevitable. Así que de momento sigo contemplando el pozo desde el borde, sentadita y con las piernas colgando, sin alejarme demasiado. Pero con muchas ganas de poder levantarme y huir lejos de allí de una vez por todas.
Y esto lo cuenta alguien que todos los días lucha por mirarse en el espejo sin echarse a llorar.
Estos días el tema de moda son las tallas y creo que está bien que se hable y mucho. Por desgracia, como de costumbre, se está trivializando bastante con la parte más superficial, los dichosos cilindros y diábolos.
“¿Marta qué es, campana o cilindro?”
“Más bien un palillito. Es anoréxica…”
Lo malo es que el problema no es exclusivo de las mujeres. En mi caso, la última vez que fui a comprarme pantalones mi talla dejó de ser mi talla y me fue imposible encontrar nada en 6 o 7 tiendas que visité. Siendo chico se supone que lo debería tener más fácil, pero me probé todas las 44 que encontré y si no eran demasiado grandes, no me los podía subir por encima del muslo.
Yo no sé si soy cilíndrico botijero o campanilla diabólica y parece que ningún estudio se ha preocupado por averiguarlo. Incluso es posible que esos criterios no sean tan relevantes para establecer unas medidas estándar que delimiten las tallas y que permitan las variaciones de diseño esperables.
Si quieren acabar con la anorexia, que quiten a las modelos sin carne de las pasarelas y pongan a mujeres reales, con curvas y todo, que son mucho más bonitas. Hagamos de la realidad algo normal para que los diseñadores bajen de su Olimpo de dioses inmorales y diosas cadáveres. Pero ya.
¿Soy el único a quien le parece extraño que los supuestos islamistas suicidas intentaran otro 11-M en Barcelona durante el fin de semana? Como no fuera en el metro de Plaça Catalunya o Passeig de Gràcia, que siempre hay mucha peña, en el resto no hay ni la décima parte de gente que en un día laborable.
Por suerte, la letra que querían poner al himno estatal no ha fructificado y ahora los promotores nos declaran abiertamente sus verdaderas intenciones. No es que no las supiéramos, más bien nos las confirman.
El mismo día que el presidente del Comité Olímpico Español declaró que no seguirían adelante con la letra propuesta leí algunos artículos al respecto. Uno de los más explícitos es el de El País:
“La iniciativa de la letra estaba, está y estará”
La idea de escribir una letra para el himno surgió del COE, que encontró la colaboración de la SGAE para formar un jurado que seleccionase la más adecuada de entre las miles de propuestas recibidas. Tras seleccionar una letra y registrarla en la SGAE, debía comenzar a partir del día 21 de enero un periodo de recogida de las 500.000 firmas requeridas para que la iniciativa pudiese presentarse a las Cortes para su aprobación.
La primera frase ya advierte de que la cosa no ha acabado aquí: ¡preparaos para lo que se avecina! Más adelante deja claro que la intención era “registrarla en la SGAE” y, sin duda, utilizar los derechos de explotación para quitar más dinero de las arcas del Estado.
¿Y qué dice el “autor” de la letra?:
El manchego, que hoy cumplía 53 años, respondió esta mañana a las críticas que su propuesta recibió de este modo: ‘Espero ver detrás de mi en la cola del INEM a los grandes compositores que perdieron con mi letra’. El autor, en este momento en paro, terminó afirmando que estaba dispuesto a renunciar a los derechos de autor de la letra a cambio de un empleo para él, otro para su mujer y una beca de estudios para su hijo, estudiante universitario. Está sorprendido también porque nadie del COE se haya puesto en contacto con él desde que le anunciaron que su letra había sido elegida.
¡Este hombre es malo malísimo! Su frustración le lleva a querer que los “grandes compositores” de las otras 6.999 letras que se presentaron (cómo debían de ser para que perdieran frente a la de este hombre) se fueran todos al paro. El pobre está quemado (es lo normal si se está en el paro), había hecho números con las suculentas ganancias de derechos de autor y ahora éstas se han esfumado. Por favor, que no nos intente dar pena con lo de que renunciaría a esos derechos por un trabajo. Desengáñese, los autores no cuentan para el COE y menos para la SGAE. A lo sumo aspiraba a las migajas que le dejaran.
Está poco claro que la aspirante a letra tuviera ni siquiera el mínimo de calidad para ser merecedora de derechos de explotación, pero lo que sí puedo afirmar con toda rotundidad es que nadie debería pagar por escuchar, cantar, reinterpretar o simplemente leer un himno. Esto no tiene nada que ver con la nación, el estado, la patria ni con la madre que las parió. Mäs bien tiene un objetivo claro: negocio by the face.
Hoy he ido a comprarme un nunchako para la Wii a una tienda de informática. Mientras pagaba, he podido oír cómo un cliente que tenía al lado le preguntaba a una de las dependientas qué sistema operativo le recomendaba para el ordenador que se iba a comprar. La respuesta me ha hecho mucha gracia: “Es mejor que se ponga Windows XP, el Vista no acaba de funcionar”. Ya lo había leído en alguna parte, pero ese comentario, fuera de la blogosfera y de las noticias que leemos, me lo confirma. Incluso existe todo un artículo en la Wikipedia sobre las críticas recibidas.
Yo no he probado Windows Vista, en casa tengo Ubuntu y mi chica, Windows XP. No obstante, sí que he comprobado cómo de insufrible es el Internet Explorer 7, con el que soy incapaz de manejarme, y me hago una idea de cómo los últimos pasos de Microsoft son rotundas equivocaciones. Como el cambio total en los menús de la suite Office.
En fin, que está bien que el gigante se dé de hostias de vez en cuando. Quién sabe si no será el principio de su fin. Cada paso atrás que dé es una ventaja para las alternativas, mucho menos inclinadas a equivocarse.


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