Todos tenemos la imagen del psicópata como una persona que mata por impulso, sin dudarlo, porque sigue a sus instintos yd no lo puede remediar. Ya sea por un trauma infantil o porque el individuo en cuestión ya venía así de fábrica, la característica común a todos ellos es su frialdad, la distancia que les separa de las emociones y de la empatía por los demás. Disfrutan haciendo sufrir, sienten el poder que les da su violencia, que a su vez les sirve para ocultar sus intrincadas inseguridades.
Pues mira por dónde (quién lo iba a decir en nuestra visión alterada de la realidad) en esta sociedad triunfan los psicópatas. No los que se manchan las manos de sangre, a quienes se les envía a la cárcel en cuanto se les coge, sino los que desde puestos de poder arruinan la vida a las hormigas que tienen por debajo. ¿No es violencia? Sí, sí que lo es, pero en el inconsciente colectivo se envidia el fruto dulce y jugoso de ser un hijo de puta: el dinero, el sexo, el estatus, los placeres. No hay castigo, sólo recompensas, porque la sociedad los valora.
En otro ámbito relacionado y cercano, hay que ser muy psicópata para aprobar leyes que recortan en sanidad y en educación (públicas). Mucho. Quien se pueda pagar una clínica privada, que lo haga. El resto tendrá que esperar todavía unos meses más para que les operen. Quien se pueda pagar una escuela privada, que lo haga. El resto tendrá que enviar a sus hijos a aquélla que les toque, con cada vez menos materiales y medios. Además, es escandaloso cómo en Cataluña cualquiera se puede inscribir en la bolsa de empleo de profesorado, que seguro, seguro que le llamarán, esté preparado o no tenga ni idea de dar clases.
Y aquí entran los indignados que han hecho temblar hoy a los políticos en el Parc de la Ciutadella de Barcelona. Seguramente se les ha ido de las manos; puede ser que no sean los mismos que acampaban en la Plaça Catalunya; quizás la violencia que han utilizado les harán perder adeptos. Pero, ¿no será esta violencia la respuesta a otra de mucho mayor alcance, mucho más profunda y represiva, aunque oculta y maquillada de buenas palabras como «democracia» y «representantes del pueblo»? Si los políticos tuvieran que ser claros no dirían que los incidentes de hoy son un ataque a la democracia, sino que lo que no les parece bien es que al fin nos hayamos dado cuenta de que nos están robando con total impunidad.
En su momento me alegré de que un simple hombre lanzara los zapatos a quien con sus tropas había matado a miles y miles de personas. Creo que poner en un simple jaque a tan psicópata personaje es, como mínimo, refrescante, aliviador. Te hace ver la vida desde una perspectiva más a la altura de nuestros ojos. En cambio, lo de hoy en Barcelona no debería haber pasado: el movimiento 15-M saldrá muy perjudicado y la degradación constante que han sufrido por la falta de una deliberación previa se verá acrecentada. Sin embargo, no puedo evitar pensar que a esos políticos no les viene mal recordar que si sus piernas han temblado ha sido porque han sentido el aliento de quienes están por debajo de ellos, de quienes sufrirán los recortes y les alimentarán cuatro años más a pesar suyo.
del.icio.us