En mis novelas no hablaré nunca sobre la propiedad el expolio intelectual. Si lo intentara, estaría tan cerca de mis opiniones que no dejaría el espacio suficiente para desarrollar la historia ni los personajes: supondría hacer entrar mi opinión con calzador. De hecho, lo que opinan los personajes proviene de los mismos personajes, no del autor, y, por si fuera poco, hacen lo que quieren. Intenta llevarles la contraria y tanto tus personajes como tu historia se rebelarán.
Sucede a menudo que los aprendices confunden novela y ensayo, cuando son opuestos. Ensayo es reflexión: hablar de grandes temas ejemplificándolos a veces con casos particulares; la novela es narrativa: escribir de casos particulares y, gracias a ello, plantear grandes temas. No es lo mismo opinar sobre el sistema de asistencia social en Suecia (con sus correspondientes cifras, gráficas y situaciones concretas) que narrar lo que le sucede a Lisbeth Salander en «Los hombres que no amaban a las mujeres», donde subyace una crítica sobre ese mismo tema.
Intenta por todos los medios no mezclar ambos géneros porque lo que escribas no llegará a ser ninguno de los dos. Sólo conseguirás que tu texto se convierta en un panfleto, que los lectores se sientan manipulados y que dejen de leer enseguida lo que has escrito, a no ser que se trate de un familiar muy (muy) cercano o alguien que tenga muchas (muchas) ganas de trajinarte.
La literatura no habla en términos absolutos, trata de plantear dudas. Los malos no deben ser absolutamente malos ni los buenos deben ser angelitos que no han roto nunca un plato: la realidad no es rojo ardiente o azul helado; las palabras «nunca» o «siempre» no son creíbles, de hecho literariamente están vacías; las opiniones siempre tienen matices, sobre todo según las circunstancias; la ambigüedad, la humanidad y la imperfección nos son cercanas, nos ayudan a sentirnos identificados, nos interesan.
¿Por qué House gusta tanto? Porque es un cabrón que dice lo que a menudo nos gustaría decir, pero que a veces deja entrever un fondo diferente. En cambio, los textos escritos por mujeres que reflexionan a través de sus personajes sobre la dramática injusticia de la violencia doméstica son aburridos para quienes opinan igual y hacen segregar cantidades considerables de bilis a quienes están en contra. Si no deseas ese rechazo por parte de los lectores de tu novela, te aconsejo que dejes la doctrina y los sermones para los curas.
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