Dos veces me ha pasado lo mismo, pero no volverá a suceder una tercera. Después de llevar a urgencias a nuestro hijo, nos hemos ido siempre con la sensación de salir peor de lo que habíamos entrado. Fuera cual fuera el problema, al decir que era nuestro primer hijo y que mi mujer le daba el pecho, a una mirada de condescendencia le seguía «Lo que tiene vuestro hijo es hambre, seguro que tu leche ya no es suficiente». Es decir, de las miles de causas posibles de que un bebé no aumente de peso o de que esté más irritable o de que se lleve el puño continuamente a la boca, la única que contemplaban esos profesionales era que la leche de mi mujer no es suficiente. Esto me ha llevado a una reflexión sobre el valor que se le da a la mujer, más allá del menosprecio en el trabajo o como objeto sexual. Es el menosprecio último: hundir a la mujer en su tarea como alimentadora de sus hijos.
Para mí, la medicina hace mucho tiempo que ha dejado de tener ese prestigio del que se le pretende dotar. Hay muy pocos médicos que lo sean por vocación y lo que «la ciencia» hoy dice que es blanco, mañana puede que sea negro. Como el pescado azul, que tuvo una época de desprestigio y ahora es el más saludable de los manjares omega-3. Hay que mirar las cosas en perspectiva y darse cuenta de que las creencias médicas cambian con el tiempo. Pensar así alivia esa tensión de verdad aboluta que envuelve todo lo que oímos de boca de los médicos.
Porque, lo que he oído más veces durante estos dos meses que tengo a mi hijo han sido cosas como «tuve que dejar de dar el pecho porque no tenía suficiente leche» o «como lloraba tanto, el pediatra le ha recomendado que se pase a leche artificial». Ante esto se me ocurren dos preguntas:
- ¿Por qué llora tanto el bebé? ¿Porque tiene hambre o porque sus padres no están lo suficiente con él, después de haber oído a diestro y siniestro que no lo tengan tanto en brazos, que se acostumbrará y después no conseguirán dejar en ningún sitio a esa criatura egoísta sin que llore desesperadamente porque está malcriada?
- ¿Por qué esa facilidad de pasarse a la leche artificial? ¿No puede haber otras miles de causas para los problemas que van surgiendo? ¿Por qué la primera culpable siempre es la mujer, cuyo cuerpo siempre tiene la culpa de no producir la leche que el niño necesita? No puedo evitar sospechar que hay pediatras que reciben comisiones de los comerciales de las casas de leches artificiales. Me es difícil pensar que sepan tan poco de la lactancia materna. No me puedo creer que den pautas tan incorrectas y que recomienden con tanta facilidad la leche de fórmula. Por cierto, ¿estará patentada?
Como pautas incorrectas, y que he oído de primera mano, son «ponle 20 minutos en un pecho y 20 minutos en el otro», «ponle 10 minutos cada 3 horas», «sobre todo asegúrate de que te vacía uno de los pechos», «a partir de ahora bebe 3 litros de agua al día», «a partir de ahora bebe mucha agua y leche», «tarde o temprano el bebé no tendrá suficiente y te darán sumplemento», «Al tercer día en el hospital no me había subido la leche y me la cortaron», «¿llevas un mes y medio dando el pecho? ¡Eso es que tienes muy buena leche!», etc.
Sin embargo, lo cierto es que la lactancia no tiene horarios. Es a demanda. Punto. Los pechos no se vacían nunca del todo porque siempre hay una reserva y cuanto más mama el bebé, más leche se produce. Es así. Punto. El periodo mínimo que hay que esperar para comprobar que la lactancia va bien son 10 días. No hay que parar antes, por mucho que el bebé lloré. Es duro (lo sé porque lo he vivido) pero es así. Punto. Y lo más absurdo es creerse que porque una mujer beba leche producirá más leche. ¿Qué beben las vacas? ¡Ah, sí! ¡Leche! Lógico y normal.
Los padres de ahora son, en general, muy cómodos. Hace poco mi mujer y yo nos preguntábamos si la palabra correcta que los designaría podría ser «sobreprotectores», pero no, la adecuada es «cómodos». Y es la golosa comodidad del biberón lo que sospecho que sirve de excusa a algunas madres para enchufar a sus hijos a la leche artificial ante el mínimo inconveniente que ponga el médico a la lactancia materna.
Pero eso no es lo más preocupante, ya que cada mujer toma las decisiones que quiere o que le dejan. Lo realmente malo son los cientos de casos de lactancias fracasadas por el hecho de que, de nuevo, la sociedad enseña a las mujeres que no son capaces, que no llegan al mínimo, que dar el pecho a sus hijos es una utopía en un ser tan degenerado. No es suficiente tener que estar esquelética y tener unos pechos como sandías: hay que hacer que las mujeres todavía duden más de sí mismas, porque vale la pena hundirles la confianza con tal de que se vean obligadas a comprar la leche que les digan. Eso sí, siempre bajo la supervisión de un médico especialista que se encargará de que tú estés aún más desinformada que él.
La cuestión de fondo no es qué es lo apropiado para los hijos, sino qué es lo mejor para que la industria engorde.
Notas adicionales
Si quieres un libro sobre lactancia, con criterio y divertido, te recomiendo encarecidamente «Un regalo para toda la vida», de Carlos González, fundador y presidente de la Asociación Catalana Pro Lactancia Materna.
Este artículo lo escribo después de haber vivido situaciones inverosímiles con pediatras en el hospital donde parió mi mujer, en urgencias y en diferentes consultas. Mi hijo tenía el frenillo lingual corto, lo que provocaba un dolor inmenso en los pezones de mi mujer, tomas interminables y un retraso en la alimentación porque no podía sacar suficiente leche.
Hay pocos pediatras en Cataluña especialistas en lactancia. Luis Ruiz fue quien nos indicó que había que cortarle el frenillo. Dos semanas después de nacer, mediante una cirugía de 2 minutos André dejó de tenerlo y desde entonces a mi mujer no le duelen los pechos.
Más tarde descubrimos, otra vez gracias a Luis Ruiz y después de haber pasados por otros pediatras, que la segunda causa de que la lactancia no fuera bien era un dolor de oídos que impedía que mi hijo abriera la boca lo suficiente. ¿Qué habría pasado si hubiésemos hecho caso a los pediatras que nos recomendaron una y otra vez que pasásemos a la leche artificial? Pues que el frenillo sublingual seguiría ahí, lo que durante años le provocaría dificultades en la pronunciación, mala colocación de los dientes, etc.; el dolor de oídos seguría sin estar tratado; la alimentación no sería tan buena; y mi mujer tendría el complejo de no servir para lo que la diseñaron milenios de evolución.
Pero como hemos luchado contra viento y marea, puedo decir que dos veces me ha pasado lo mismo, pero no volverá a pasar una tercera, porque la próxima vez, en urgencias diremos que ya tenemos cuatro hijos y que todos han mamado y crecido sin ningún problema. A ver si así mueven un poco el culo, perdón, el cerebro.