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Hoy he estado en la feria Biocultura y hace una semana estuve en el Día de la Tierra. Básicamente, las dos son iguales, con ONG, artesanía, alimentación biológica, comercio justo, etc. El Día de la Tierra nos gustó más porque tiene más paradas, de las que algunas son unas cuantas sectas, y no hay que pagar los 6 € de entrada.

Después de mucho reflexionar, he llegado a la conclusión de que no entiendo el comercio justo. Tengo la extraña sensación de que detrás de esa «hippylandia» encontramos al mismo capitalismo que critican. Si de 1 € que pago por lo que sea en una tienda normal, 0,99 ct se lo quedan los intermediarios y 0,01 ct, el productor, está claro que hay una injusticia. Sin embargo, cuando intentamos llevar esa mala conciencia a acciones solidarias, descubrimos que ya no tenemos que pagar 1 €, sino 3 o 4 €. Seguro que al agricultor le llega más dinero, pero parece que el resto tampoco se queda corto.

La aspiración debería ser implantar ese sistema solidario de manera global, pero no hay bolsillo que aguante comprar sólo de manera justa por mucho tiempo. Este negocio está condenado al fracaso de las minorías y parece dirigido a los occidentales que lavan su conciencia pagando. Compramos nuestra redención, igual que una bula papal, mientras conmemoraciones de genocidios continúan siendo fiesta.

Tendré que explotar a alguien para ser solidario todo el año, a todas horas.

Por David Gil, 1 mayo 2010, 23:32

Ya hemos acabado el primer trimestre de astrología y ya puedo hacer un repaso de lo que hemos hecho hasta ahora y comentar un par de reflexiones.

Después de la introducción de la primera clase, en la que el profesor Lluís Gisbert habló sobre la relación del ser humano con el cosmos y sobre varios conceptos astrológicos como sincronicidad y anima mundi, aprendimos el significado de cada uno de los cuatro cuadrantes en los que se divide la carta e hicimos un primer análisis mirando solamente en cuáles había situados más planetas.

En las clases siguientes comenzamos con los cuatro elementos: fuego, tierra, aire y agua. La descripción profunda de cada uno de ellos (combinación de calor o frío con sequedad o humedad) nos hizo separar la psique humana en cuatro aspectos, desde la vitalidad y la creatividad del fuego hasta el deseo de seguridad y monotonía de la tierra, pasando por la racionalidad y el interés por conocer del aire y las emociones y los anhelos del agua. De cada elemento sacamos tanto la cara positiva como la negativa y los problemas que pueden surgir si hay un énfasis excesivo de planetas en un determinado elemento (hay tres signos del zodíaco por cada elemento) o una ausencia total.

Después de analizar los elementos por separado, estudiamos la combinación de ellos. Primero los opuestos, que son el fuego (vitalidad, aventura, ideales) y la tierra (límites, cristalización, encarnación) y el aire (intelecto, desapego, mente) y el agua (irracionalidad, subconsciente). Seguidamente, analizamos las demás combinaciones y de cada una aprendimos tanto los conflictos internos y externos que pueden surgir como las motivaciones que provocan en la psique.

Una de las conclusiones más claras a las que he llegado es que no se puede abordar la astrología desde una perspectiva cientifista, de la misma manera que una ópera de Mozart no se disfruta analizando las frecuencias en que se mueve cada instrumento ni leyendo las partituras, sino escuchándola y sintiendo lo que nos transmite. Hay que preguntarse si el análisis de nuestra carta natal nos resuena y nos sentimos identificados, si nos transmite algo conocido o es una mentira burda y soez. Es un viaje personal y transformador que hay que emprender sin prejuicios y sabiendo que verse en el espejo muchas veces te remueve sentimientos por dentro que preferirías no conocer.

Por último, hace poco me encontré con este fragmento extraído del libro «Astrología, psicología y los cuatro elementos», de Stephen Arroyo, que me hizo reflexionar:

“La mente del principiante” es nuestra mente original, en realidad una mente vacía y dispuesta. Si nuestra mente está vacía, está siempre dispuesta para todo; está abierta para todo. En la mente del principiante hay muchas posibilidades; en la del experto hay pocas… En la mente del principiante no existe el pensamiento “He alcanzado algo”. Todos los pensamientos centrados en uno mismo limitan nuestra mente vasta. Cuando no tenemos pensamiento del logro, pensamiento del yo, somos verdaderos principiantes. Entonces, podemos aprender realmente algo.

Gracias a estas palabras, llegué a la conclusión de que hay dos maneras de escribir. Por un lado, desde el ego, con sus ansias de grandeza, imaginando lo popular que llegará a ser y creyendo que lo que produce es perfecto, por lo que no necesita aprender de nadie y las críticas de los demás serán muy mal recibidas. Por otro lado, desde el alma, desde las entrañas, con humildad, persiguiendo con el trabajo diario el objetivo inalcanzable de ser perfecto algún día.

Si la astrología al final resulta ser una patraña, como mínimo habré aprendido unas cuantas cosas.

Por David Gil, 3 enero 2010, 1:56

He estado meditando mucho sobre si debía escribir este artículo o no. En mi trabajo la mayor parte de mis compañeros son científicos y  a uno se le puede relacionar muy rápidamente con las brujas y los videntes de la tele. Pero si cada principio de curso explico los proyectos que empiezo, creo que lo más honesto es compartirlo sin miedo.

Y es que este año cambio el estudio del euskera por el de astrología. La razón principal de dejar por ahora la Escuela Oficial de Idiomas es que ocupa muchas horas a la semana y estar con la familia es prioritario. Sin embargo, ese ciclo que se cierra temporalmente ha hecho que se abra otro que desde el principio me ha apasionado. No estoy hablando de la astrología de las revistas, ni del horóscopo de los periódicos, que se basa sólo en el signo solar, sino de un estudio profundo de cada planeta, cada signo, cómo se complementan e influyen, los mitos relacionados con ellos, etc.

Porque tengo la firme intuición de que astrología y literatura tienen una fuerte relación, incluso de maneras que aún no acabo de ver. Aprender los rasgos de personalidad de cada signo me puede proporcionar un abanico del que elegir a la hora de crear mis personajes; el concepto de sincronicidad (dos hechos casuales que cobran un mismo significado, un mismo propósito) me resulta tremendamente familiar; y el solo hecho de aprender la mitología griega ya me da esos argumentos que han servido de base a la literatura occidental.

De ninguna manera pienso defender la validez de la astrología, que por otro lado todavía tengo que comprobar. Éste es un camino personal que inicio con la mente abierta y cierta mirada crítica. Aquellos que se escandalicen sin plantearse lo que podría haber de cierto en lo desconocido deben seguir su propio camino.

Por David Gil, 13 octubre 2009, 1:14

Dos veces me ha pasado lo mismo, pero no volverá a suceder una tercera. Después de llevar a urgencias a nuestro hijo, nos hemos ido siempre con la sensación de salir peor de lo que habíamos entrado. Fuera cual fuera el problema, al decir que era nuestro primer hijo y que mi mujer le daba el pecho, a una mirada de condescendencia le seguía «Lo que tiene vuestro hijo es hambre, seguro que tu leche ya no es suficiente». Es decir, de las miles de causas posibles de que un bebé no aumente de peso o de que esté más irritable o de que se lleve el puño continuamente a la boca, la única que contemplaban esos profesionales era que la leche de mi mujer no es suficiente. Esto me ha llevado a una reflexión sobre el valor que se le da a la mujer, más allá del menosprecio en el trabajo o como objeto sexual. Es el menosprecio último: hundir a la mujer en su tarea como alimentadora de sus hijos.

Para mí, la medicina hace mucho tiempo que ha dejado de tener ese prestigio del que se le pretende dotar. Hay muy pocos médicos que lo sean por vocación y lo que «la ciencia» hoy dice que es blanco, mañana puede que sea negro. Como el pescado azul, que tuvo una época de desprestigio y ahora es el más saludable de los manjares omega-3. Hay que mirar las cosas en perspectiva y darse cuenta de que las creencias médicas cambian con el tiempo. Pensar así alivia esa tensión de verdad aboluta que envuelve todo lo que oímos de boca de los médicos.

Porque, lo que he oído más veces durante estos dos meses que tengo a mi hijo han sido cosas como «tuve que dejar de dar el pecho porque no tenía suficiente leche» o «como lloraba tanto, el pediatra le ha recomendado que se pase a leche artificial». Ante esto se me ocurren dos preguntas:

  • ¿Por qué llora tanto el bebé? ¿Porque tiene hambre o porque sus padres no están lo suficiente con él, después de haber oído a diestro y siniestro que no lo tengan tanto en brazos, que se acostumbrará y después no conseguirán dejar en ningún sitio a esa criatura egoísta sin que llore desesperadamente porque está malcriada?
  • ¿Por qué esa facilidad de pasarse a la leche artificial? ¿No puede haber otras miles de causas para los problemas que van surgiendo? ¿Por qué la primera culpable siempre es la mujer, cuyo cuerpo siempre tiene la culpa de no producir la leche que el niño necesita? No puedo evitar sospechar que hay pediatras que reciben comisiones de los comerciales de las casas de leches artificiales. Me es difícil pensar que sepan tan poco de la lactancia materna. No me puedo creer que den pautas tan incorrectas y que recomienden con tanta facilidad la leche de fórmula. Por cierto, ¿estará patentada?

Como pautas incorrectas, y que he oído de primera mano, son «ponle 20 minutos en un pecho y 20 minutos en el otro», «ponle 10 minutos cada 3 horas», «sobre todo asegúrate de que te vacía uno de los pechos», «a partir de ahora bebe 3 litros de agua al día», «a partir de ahora bebe mucha agua y leche», «tarde o temprano el bebé no tendrá suficiente y te darán sumplemento», «Al tercer día en el hospital no me había subido la leche y me la cortaron», «¿llevas un mes y medio dando el pecho? ¡Eso es que tienes muy buena leche!», etc.

Sin embargo, lo cierto es que la lactancia no tiene horarios. Es a demanda. Punto. Los pechos no se vacían nunca del todo porque siempre hay una reserva y cuanto más mama el bebé, más leche se produce. Es así. Punto. El periodo mínimo que hay que esperar para comprobar que la lactancia va bien son 10 días. No hay que parar antes, por mucho que el bebé lloré. Es duro (lo sé porque lo he vivido) pero es así. Punto. Y lo más absurdo es creerse que porque una mujer beba leche producirá más leche. ¿Qué beben las vacas? ¡Ah, sí! ¡Leche! Lógico y normal.

Los padres de ahora son, en general, muy cómodos. Hace poco mi mujer y yo nos preguntábamos si la palabra correcta que los designaría podría ser «sobreprotectores», pero no, la adecuada es «cómodos». Y es la golosa comodidad del biberón lo que sospecho que sirve de excusa a algunas madres para enchufar a sus hijos a la leche artificial ante el mínimo inconveniente que ponga el médico a la lactancia materna.

Pero eso no es lo más preocupante, ya que cada mujer toma las decisiones que quiere o que le dejan. Lo realmente malo son los cientos de casos de lactancias fracasadas por el hecho de que, de nuevo, la sociedad enseña a las mujeres que no son capaces, que no llegan al mínimo, que dar el pecho a sus hijos es una utopía en un ser tan degenerado. No es suficiente tener que estar esquelética y tener unos pechos como sandías: hay que hacer que las mujeres todavía duden más de sí mismas, porque vale la pena hundirles la confianza con tal de que se vean obligadas a comprar la leche que les digan. Eso sí, siempre bajo la supervisión de un médico especialista que se encargará de que tú estés aún más desinformada que él.

La cuestión de fondo no es qué es lo apropiado para los hijos, sino qué es lo mejor para que la industria engorde.

Notas adicionales

Si quieres un libro sobre lactancia, con criterio y divertido, te recomiendo encarecidamente «Un regalo para toda la vida», de Carlos González, fundador y presidente de la Asociación Catalana Pro Lactancia Materna.

Este artículo lo escribo después de haber vivido situaciones inverosímiles con pediatras en el hospital donde parió mi mujer, en urgencias y en diferentes consultas. Mi hijo tenía el frenillo lingual corto, lo que provocaba un dolor inmenso en los pezones de mi mujer, tomas interminables y un retraso en la alimentación porque no podía sacar suficiente leche.

Hay pocos pediatras en Cataluña especialistas en lactancia. Luis Ruiz fue quien nos indicó que había que cortarle el frenillo. Dos semanas después de nacer, mediante una cirugía de 2 minutos André dejó de tenerlo y desde entonces a mi mujer no le duelen los pechos.

Más tarde descubrimos, otra vez gracias a Luis Ruiz y después de haber pasados por otros pediatras, que la segunda causa de que la lactancia no fuera bien era un dolor de oídos que impedía que mi hijo abriera la boca lo suficiente. ¿Qué habría pasado si hubiésemos hecho caso a los pediatras que nos recomendaron una y otra vez que pasásemos a la leche artificial? Pues que el frenillo sublingual seguiría ahí, lo que durante años le provocaría dificultades en la pronunciación, mala colocación de los dientes, etc.; el dolor de oídos seguría sin estar tratado; la alimentación no sería tan buena; y mi mujer tendría el complejo de no servir para lo que la diseñaron milenios de evolución.

Pero como hemos luchado contra viento y marea, puedo decir que dos veces me ha pasado lo mismo, pero no volverá a pasar una tercera, porque la próxima vez, en urgencias diremos que ya tenemos cuatro hijos y que todos han mamado y crecido sin ningún problema. A ver si así mueven un poco el culo, perdón, el cerebro.

Por David Gil, 25 septiembre 2009, 0:43

Supose que la culpa que truquen al meu treball cada dos per tres preguntant per coses relacionades amb l’Astronomia, l’Ecologia i, fins i tot, els terratrèmols la tenen els meteoròlegs de TV3, que mesclen el temps que, calculat amb superordinadors, sospiten que farà amb temes d’allò més diversos.

Avui, per exemple, ha sigut curiós com he rebut dues trucades pràcticament seguides preguntant pel fals fenòmen astronòmic que cada any s’estèn per totes les adreces electròniques del món: «No, senyor, ací no ens ocupem d’això, però li puc dir que Mart no es vorà tan gran com la Lluna perquè està molt, molt lluny. Ni quan està més a prop se’n pot vore la superfície sense telescopi. Això és una mentida que ix cada any, però com d’Astronomia la gent sap més aviat poc…» Al final hem rigut un poc (gràcies a l’època estiuenca d’absència total d’estrés) i hem acomiadat el tema fins l’any que ve.

Por David Gil, 27 agosto 2009, 23:21

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Por David Gil, 30 julio 2009, 19:16

Ací teniu algunes fotos del meu xiquet que no té ni una setmaneta. Atenció al pingüí que tenia per al número d’habitació! :-D

Quina felicitat, malgrat que els inicis són molt durs.

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Por David Gil, 28 julio 2009, 16:37

Te das cuenta de que se acerca el día cuando miras la fecha de caducidad de los yogures y ya es posterior a la fecha prevista del parto.

Por David_Gil, 27 junio 2009, 21:09

Hace dos años pude ver a la Mala Rodríguez en el Sónar y, además, descubrir un montón de grupos y DJ sorprendentes. Este año no conozco a nadie, pero me lo pienso pasar igual de bien. Será toda una sorpresa, como un regalo en cada uno de los espacios.

Por David_Gil, 18 junio 2009, 0:38

Hace unos días, en la Escuela Oficial de Idiomas de Drassanes se organizó un concurso de pinchos. Fue muy divertido prepararlo. Éramos cuatro grupos y había cinco premios: apariencia, sabor, originalidad, nombre y dificultad. Nosotros ganamos el premio del nombre, que era «askatasun txitxiorioak» (los garbanzos de la libertad). Nos repartimos una botella de vino, otra de pacharán y otra de sidra, unos dulces y un bote de pimientos del piquillo.

A continuación, unas fotos.

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Por David Gil, 5 abril 2009, 18:02