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En astrología, hay muchos conceptos que se manifiestan como polaridades cuyos extremos no se pueden explicar de manera independiente, de hecho se necesitan para conseguir un equilibrio. Por ejemplo, Saturno, planeta regente del signo Capricornio, representa los límites, las inseguridades, aquello que perdura, que es real, palpable, sólido y esencial en uno mismo, el recuerdo de que somos mortales y de que el tiempo se acaba (Saturno es Cronos en griego). Por otro lado, Júpiter, regente de Sagitario, representa la intuición, el entusiasmo y la expansión sin límites, la sensación de que estamos tocados por los dioses y de que somos inmortales.

Saturno es el viejo, la seriedad, el esfuerzo, la constancia, el sudor, la cristalización de los proyectos. Júpiter, en cambio, es el púber, los proyectos que se suceden uno tras otro sin llegar a materializarse.

Con estas pinceladas, seguro que veréis con claridad que la siguiente cita del escritor Philip Roth refleja a la perfección la esencia de Saturno:

Desde fuera podría parecer una vida de máxima libertad: no tienes horarios, eres tu propio jefe, te destacas para la gloria. Aparentemente puedes escribir sobre cualquier cosa. Sin embargo, cuando te pones a escribir, lo único que hay son precisamente límites. Estás atado a un tema. Atado a una obligación de que tenga sentido. Obligado a convertirlo en libro. Si quieres que algo te recuerde tus propias limitaciones virtualmente cada minuto, no puedes escoger una ocupación mejor. Tu memoria, tu sentido del lenguaje, tu inteligencia, tus simpatías, tus observaciones, tus sensaciones, tu entendimiento, nunca bastan. Descubres más sobre tus carencias de lo que en verdad te conviene. Todo tu ser es un encierro que luchas por romper. Y todas esas obligaciones resultan aún más atroces porque te las has impuesto tú mismo.

Por David Gil, 10 mayo 2010, 0:06

Avui ha sigut un dia meravellós. He estat amb la meua família, primer a l’escola, cantant i ballant amb el xiquet; i després gaudint de la diada de Sant Jordi.

Les noves adquisicions han sigut les següents, totes tres de Philip Roth:

  • El pecho, de l’any 1972
  • El profesor del deseo, 1977
  • El animal moribundo, 2001

No he llegit mai cap llibre de l’autor, però arran d’una frase que comentaré d’ací a poc en un article, he decidit demanar aquesta trilogia que pareix plena de sexe i perversió.

A més, Katia m’ha regalat un exemplar que m’ha fet moltíssima il·lusió: L’última carta de Companys, signat per l’autor Toni Soler i amb una dedicatòria molt bonica que convida a una reflexió de cerca, tant de la persona com de les raons: “Per en David. En aquesta novel·la, en Companys retorna. A qui faries tornar tu?”

Por David Gil, 23 abril 2010, 21:56

Uno de los autores que más aparecían en nuestras clases de novela como ejemplo de todo lo que hay que evitar a la hora de escribir narrativa era Lucía Etxebarría. El profesor nos seleccionaba algunos de sus textos y los analizábamos frase a frase. Algunos de aquellos fragmentos eran puras chaladuras, con las que no tardábamos en reírnos a carcajadas, contraviniendo con toda seguridad la intención de su creadora.

Por eso me interesé en la entrevista que le hicieron en la sección de literatura de «A vivir, que son dos días», un programa de la Cadena SER. En un momento dado, uno de los colaboradores comentó que uno de los temas que aparece en la novela son las drogas. Lucía enseguida respondió que no está a favor de los estupefacientes y que los personajes de sus libros que los utilizan acaban muriendo.

Qué peligroso es dar lecciones tan maniqueas al lector. Este tipo de novelas van dirigidas a adultos, que ya deberían tener una opinión sobre el tema y no necesitan que una autora les dé lecciones. Porque en cuanto un autor quiere dar su opinión en una novela, ésta deja de serlo y se convierte en un panfleto. En narrativa el autor no debe aparecer por ningún sitio, tienen que hablar los personajes, que no siempre querrán morir.

Esa manera de plantearse la creación me recuerda a las películas americanas, en las que el negro siempre muere y los que fuman son los malos. En la vida real, no todos los que se drogan mueren jóvenes, e incluso diría que hay quienes necesitan la crisis que les proporcionan las drogas para aprender el valor de la vida. Más que determinar la condena de un personaje por un detalle arbitrario, yo me preguntaría por qué se droga, qué es lo que hace que lo necesite, cómo afecta al resto de personajes, cómo fue su familia, si aprenderá alguna lección o se quedará en el mismo estado, sin evolucionar.

Me imagino que Lucía debe de haber recibido mensajes de protesta por el tratamiento de las drogas en alguna novela anterior. Un autor debe asumir que debe ser honesto consigo mismo y no querer contentar a todo el mundo. Es muy infantil querer dar lecciones de este tipo. Asimismo, que los lectores se escandalicen porque en una novela se refleje una realidad debería hacerles preguntarse por qué ese tema no les deja indiferentes.

Por David Gil, 21 abril 2010, 23:52

En este segundo trimestre de astrología hemos estudiado los signos de todas las maneras posibles. Primero, agrupándolos por elementos (fuego, tierra, aire y agua) y por modalidades (cardinales, fijos y mutables). Después, por ejes, es decir, los pares Aries-Libra, Tauro-Escorpio, Géminis-Sagitario, Cáncer-Capricornio, Leo-Acuario y Virgo-Piscis. Estos signos se encuentran uno enfrente del otro, son dos caras de la misma moneda y para hablar de uno tienes que hablar de su opuesto porque se complementan.

En las siguientes clases vimos los signos por cuaternarios, desde los más personales (Aries, Tauro, Géminis y Cáncer) hasta los más impersonales (Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis), pasando por los sociales (Leo, Virgo, Libra y Escorpio). Finalmente, hemos aprendido que cada signo tiene una afirmación que encierra su esencia, como, por ejemplo, el «Yo siento» de Cáncer, el «Yo pienso» de Géminis y el «Yo deseo» de Escorpio.

Otro aspecto que hemos estudiado son los planetas visibles a simple vista, los que la astrología clásica ya contemplaba: los luminares (el Sol y la Luna), los planetas personales (Mercurio, Venus y Marte) y los sociales (Júpiter y Saturno). De cada uno hemos estudiado las características astronómicas, la mitología y qué significado astrológico se deriva de ella, así como todo el simbolismo que les rodea.

Dos libros que están muy bien al respecto:

  • Los luminares, de Liz Greene y Howard Sasportas.
  • Los planetas interiores, de los mismos autores

Después del segundo trimestre me siento como en un desierto. Estoy solo y totalmente apabullado por la cantidad de información que tengo que asimilar, perdido entre dunas hermosas. Me cuesta escribir y querría no tener esta necesidad tan asfixiante de aprender algo que en principio no tiene nada que ver con la literatura, pero que al mismo tiempo está transformando la percepción que tenía de la psicología y de las relaciones y, en definitiva, toda mi visión del universo.

Por ejemplo, una decisión muy personal que he tomado ha sido dejar de lado el monoteísmo represor y y ofrecerme a todos los dioses que habitan en mí: haré un altar al violento Marte, me rendiré ante Venus y me aprovecharé de los dones que me ha dado Hera. Eso sí, a los dos dioses que entregaré mis más preciadas oraciones son Mercurio, el dios de la comunicación y las palabras, y Saturno (Cronos), el más severo maestro, que siempre te recuerda que el tiempo y tus capacidades son limitadas y que tienes que aprovechar el primero y mejorar perpetuamente las segundas.

Cada vez tengo más claro que ya no hay vuelta atrás y este aprendizaje marca un antes y un después. Mediante la escritura quiero ahondar en mi inconsciente, es decir, aquellas partes de mi carta a las que no llega la luz de mi ego, sobre todo aquella parte escorpiniana tan potente que en mi carta se refleja en diversos puntos. El más obvio es Venus y Urano en Escorpio en la primera casa. Después, tengo Plutón conjunto al ascendente, que es Libra, cuyo regente es Venus en Escorpio. Por último, la cúspide de la casa VIII, relacionada con Escorpio, está en Tauro, cuyo regente también es Venus en Escorpio. Éste es un signo apasionante porque nos traslada a la parte más oscura y oculta de nuestra naturaleza: el sexo, la muerte, el inconsciente, el deseo y la manipulación emocional más  poderosa. ¿Dónde tengo escondido todo eso? ¿A través de qué caminos llevaré a mis personajes para que lo vivan por mí y me transformen?

Por David Gil, 19 abril 2010, 1:11

En Babelia, 21 autores dan consejos sobre cómo encarar la escritura. Creo que tendría que apuntarme unos cuantos y hacer un póster con ellos. Mientras tanto, me voy a atrever a dar el mío:

A lo que se debe tener no miedo, sino terror, no es a la página en blanco, sino a las 300 páginas en blanco. Ésas sí que son espeluznantes porque significan que te has quedado paralizado en un limbo yermo. En cambio, si el problema es que después de estar delante del ordenador un día no escribes nada, no te desanimes porque seguro que de alguna manera ya has avanzado al descartar unas cuantas ideas.

Recuerda que cualquier paso hacia delante o hacia atrás es bueno, significa que te estás moviendo junto a la historia, que la estás moldeando. Cada día debes sudar, ya sea tecleando delante del ordenador o maravillándote en el metro con la discusión de una pareja, con sus venenos y sus desprecios; o incluso con el gesto sincero y algo burdo de esa chica, que tiene un no-sé-qué que la hace perfecta para el papel de protagonista de tu aventura.

Por David Gil, 17 abril 2010, 23:06

Aquest llibre el vaig descobrir gràcies a la iniciativa de la Generalitat de publicar extractes de diversos gèneres literaris al metro de Barcelona. Des del primer moment em va donar bona impressió, que es va confirmar en llegir-lo.

El plantejament no se centra en la incògnita de què passarà al final, perquè la narradora ens diu des del principi que tracta de la fi d’un patriarcat. Com en “Crónica de una muerte anunciada”, de García Márquez, el focus es dirigeix cap a “com passa”, no cap a “què passa”.

Quelcom que m’ha paregut molt remarcable és la manera d’incorporar els diàlegs dins del monòleg de la narradora, que aconsegueix una naturalitat sorprenent.

Els que el van sentir diuen que semblava penedit del tot i que no parava de dir a la mare que si ella marxava ell moriria poc després, que em perdonis, que em perdonis, que tot això ja no tornarà a passar mai més, que em curaré, que t’ho prometo que em curaré. Sogre, no me la treguis si no vols acabar amb mi, per Déu i per tots els teus avantpassats, ja m’he acostumat a ella i vull que sigui la mare dels meus fills. Què faré amb aquest nen si el deixeu sense mare?

En tot el llibre no hi ha ni un sol guió llarg i quasi no se’ls troba a faltar. Sí que és veritat que de vegades es fa difícil seguir qui diu què i la puntuació trobe que es podria discutir en alguns punts, però són assumptes més aviat subjectius.

Un altre passatge:

Ja faltava poc per acabar i Mimoun havia mirat de gairell, tot tancant un ull, la filera que havia fet per confirmar-ne la rectitud, quan l’oncle va dir i què, que no et deu trobar a faltar, la teva dona? Tot hauria estat ben normal si l’oncle no hagués continuat i no hagués especificat a quina mena d’enyorança es referia. Sí, home, ja m’entens, les dones quan són verges no ho necessiten, però si ja s’havia acostumat a la teva…

Per últim, hi ha un punt d’inflexió realment interessant que Najat marca amb un nus d’enllaç. Es tracta de la negació per part del pare que el que està vivint siga el seu destí vertader. Ho diu diverses vegades i el lector ho reconeix com un pensament del pare. Tanmateix, més endavant, la seua fill diu exactament el mateix: el que està vivint no és el seu destí. El lector aquesta vegada s’adona que alguna cosa ha canviat. Situacions i personatges diferents es posen un enfront de l’altre gràcies a una mateix expressió. Així es reforça el contrast de punts de vista i s’apunta cap a la transformació de la protagonista.

Por David Gil, 5 enero 2010, 1:16

No me caracterizo por la cantidad de libros que leo. Mi curiosidad por tantos temas, que van y vienen en mi vida; los análisis que hago; y que la rapidez nunca ha sido mi tónica, hacen que no los devore precisamente. Este año quiero proponerme una lista de los que, como mínimo, me leeré. Hay tanto literatura contemporánea como clásicos que hace mucho tiempo que me debería haber leído. En su momento publicaré una reseña e intentaré remarcar algún aspecto interesante relacionado con teoría de creación literaria. Añado, además, los ensayos y manuales de astrología que me han recomendado y que estudiaré.

Estos son, sin ningún orden en particular:

Novela

  • Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño
  • El conde de Montecristo, de Alexandre Dumas
  • Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza
  • El chino, de Henning Mankell
  • Claus y Lucas, de Agota Kristof
  • El nom de la rosa, de Umberto Eco
  • El Quijote, de Miguel de Cervantes
  • Nueve veranos, de J. A. Millán
  • Pandora en el Congo, de A. Sánchez Piñol
  • Flors de Xicranda, de Núria Gassó
  • La elegancia del erizo, de Muriel Barbery (una amiga me pidió que me lo leyera para decirle qué me parece)
  • Ritmos de vida, de Paola Ciprés
  • La hija de la fortuna, de Isabel Allende
  • La noia que somiava un llumí i un bidó de gasolina, d’Stieg Larsson

Relecturas para su análisis más detenido

  • Kafka a la platja, de Haruki Murakami
  • Diablo guardián, de Xavier Velasco

Astrología

  • Los planetas interiores, de Liz Greene
  • Los planetas exteriores y sus ciclos, de Liz Greene
  • Las luminares, de Liz Greene y Howard Sasportas
  • Astrología, Karma y transformación, de Stephen Arroyo
  • Astrología, psicología y los cuatro elementos, de Stephen Arroyo
  • Astrología y destino, de Liz Greene
  • Manual de interpretación de la carta natal, de Stephen Arroyo

Actualización: Se me habían quedado dos libros en el tintero. Los incluyo.

Por David Gil, 31 diciembre 2009, 0:32

Durante la carrera de Traducción e Interpretación me las tuve que ver con un montón de diccionarios de todo tipo, sobre todo con los bilingües. Ahora que no me dedico a traducir, sino a crear,  los tengo casi todos amontonados en un rincón de casa acumulando polvo. Internet se ha encargado de sustituirlos.

Sin embargo, a veces no necesitamos asegurarnos del significado preciso de una palabra, sino más bien encontrar todas las que existen alrededor de una idea. El cambio de registro o de campo semántico nos puede sugerir nuevos caminos en la narración o incluso otro sabor en la atmósfera. Para ello, es estupendo el «Diccionario de ideas afines», de Fernando Corripio, editorial Herder.

Por ejemplo, algunas de las posibilidades que nos da en la entrada secreto son:

sigilo, disimulo, reserva, confidencia, revelación, anonimato, misterio, enigma, incógnita, ocultación, omisión, impenetrabilidad, silencio, intimidades, interioridades, entresijos, entretelas, discreción, disfraz, tapujo, tapadera, cobertera, cortina, pantalla, encubrimiento, disimulo, prudencia, secreteo, fingimiento, ficción, sanctasanctórum, arcano, fraude, engaño, estratagema, alcahuetería, reticencia, clandestinidad, hermetismo, escondrijo, rincón, laberinto, profundidad, escondite, refugio, embozo, conspiración, traición, confabulación, trama, plan.

Un ejercicio muy interesante es abrirlo todos los días al azar y leer un par de entradas. ¿Qué nos insinúan?, ¿nos invitan a imaginar una historia o una situación?, ¿nos ofrecen una alternativa a palabras de las que abusamos?

Por David Gil, 26 noviembre 2009, 22:31

Coincidint amb la Lluna nova en Escorpí i aprofitant que el trànsit de Plutó sobre el meu Sol natal ja ha finalitzat i m’ha deixat tranquil, comence a llegir novel·la «L’últim patriarca» de Najat El Hachmi, una xica marroquina llicenciada en filologia àrab per la Universitat de Barcelona.

Vaig descobrir aquest llibre gràcies a uns quadernets que es poden trobar a les estacions i a les parades de diversos transports públics i que mostren un fragment d’un llibre, que pot ser de novel·la, assaig, poesia… De seguida que el vaig començar em va donar bona vibració i quan vaig acabar les escasses vint pàgines vaig decidir que el compraria.

Quan l’acabe, vos comentaré què m’ha paregut.

Por David Gil, 17 noviembre 2009, 1:20

Un amigo me preguntaba hace poco qué libros podría comprarse para empezar a escribir narrativa. Como creo que mi respuesta puede servir a más de uno, haré una pequeña relación de libros útiles.

«La cuina de l’escriptura» o, en castellano, «La cocina de la escritura», de Daniel Cassany. Es un manual de redacción que trata de lo más básico: cómo organizarse y lleva a cabo con éxito el proceso de escritura, ya sea un informe para la empresa, un ensayo o una novela. Antes de comprárselo hay que echarle una ojeada, no sea que de tan básico no se necesite realmente.

«La práctica del relato. Manual de estilo literario para narradores», de Ángel Zapata. Para mí, leerlo supuso un antes y un después. Con este libro aprenderás los aspectos más básicos que hay que tener en cuenta al escribir un relato (o una narración, en general). Desde cómo conseguir ser natural hasta llegar a tener un estilo personal.

Por último, recomiendo «Escribir. Manual de técnicas narrativas», de Enrique Páez. Es muy completo, ya que, con un diseño muy vistoso, trata muchísimas cuestiones, propone ejercicios y muestra ejemplos que facilitan la comprensión.

Tengo, sin embargo, una advertencia: leer estos libros puede enseñarte muchas cosas, pero ni mucho menos sustituyen las clases presenciales, en las que el profesor da unas directrices que sirven a cada alumno de una manera mucho más personalizada. Cuando las clases son grupales, la interacción entre alumnos también es una manera de verse reflejado en el resto y de aprender de los errores propios y ajenos. Si alguien se anima, yo estoy disponible para dar clases particulares tanto de relatos y novela como de escritura en general, en catalán y en castellano.

Por David Gil, 10 octubre 2009, 23:29