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El próximo martes día 26 en la sala Verdaguer del Ateneu Barcelonés (planta baja) a las 19:30 habrá una mesa redonda para hablar sobre la Devolución.

En estos tiempos en los que los problemas que comportan los derechos de explotación hacen que incluso representaciones teatrales como la Passió d’Esparreguera, una obra realizada exclusivamente por voluntarios que no reciben ninguna compensación económica y que destina la recaudación a los gastos que genera cada año la representación, estén en peligro de desaparecer.

Los herederos (parásitos) de Joan Torruella, que escribió el texto actual de la obra en 1960 y legó los derechos de explotación al Patronat, piden ahora con la ayuda de la SGAE (otros parásitos) 120.000 euros en compensación de las representaciones hechas desde 1993, de los cuales ya se han retenido unos 22.000 euros de la venta de entradas de este año a través de ServiCaixa.

Lo “curioso” es que lo hacen 33 años después de la muerte del autor. Y para más inri la Passió sólo tiene en propiedad los decorados y el burro.

La sentencia y la multa fueron aceptadas por la última asamblea de la Passió el pasado mayo, que tenía que decidir si aceptaba pagar o continuar la vía judicial, y que ahora tendrá que decidir qué hacer para continuar con las actuaciones. Una de las vías posibles sería la modificación del texto para no tener que pagar más derechos de explotación a los herederos de Joan Torruella y a la SGAE.

Éste es sólo uno de los muchos casos de abuso con la excusa de los presuntos derechos de explotación por parte de personas que tienen poco o nada que ver con el autor y que ven una manera de conseguir dinero de forma fácil y sin ningún tipo de esfuerzo físico ni intelectual.

Devolución tiene como fin último la abolición total de estos “derechos” que limitan no sólo la creación artística, sino que incluso ponen en peligro algunas tradiciones y posibles soluciones científicas.

Por eso este martes estaremos David de Ugarte, María Rodríguez y yo explicando los porqués de la necesidad de adoptar el modelo devolucionista cuanto antes.

(Texto de Arnau Fuentes traducido del catalán y modificado)

Por David Gil, 22 junio 2007, 21:31

Cuando leí este artículo de David de Ugarte, no me podía creer lo que estaba leyendo porque parece de ciencia ficción. Las impresoras 3D son máquinas que fabrican objetos físicos por capas a partir de planos que se pueden descargar de Internet o que uno mismo puede diseñar mediante el ordenador. A este procedimiento se le llama fabbing y existen dos proyectos libres que trabajan en este campo. Por una parte, Fab@Home es más caro pero no es tan complicado como el otro, RepRap. Este último, además, tiene el objetivo de ser capaz de autoreplicarse. En esas páginas se pueden ver vídeos y conseguir documentación.

Con estas máquinas, en un futuro se supone que podremos crear lo que necesitemos, incluso circuitos y máquinas a medida. Se fusionará la creatividad del software libre con la del hardware libre en casa. Es un sueño del que hace falta conocer las consecuencias. Porque, ¿qué preveo que pasará? Lo de siempre. Lo vemos cada día, cuando la tecnología avanza siempre hay dinosaurios que se resisten a evolucionar y que hacen lo legal e ilegalmente posible por criminalizar lo que les molesta. Durante la historia se ha criminalizado la radio, el vídeo doméstico, el CD, el DVD, el P2P… Incluso cuando los libros electrónicos consigan un nivel aceptable de usabilidad (ahora no lo tienen), también seremos piratas de la cultura por compartir los libros (esto, por desgracia, no creo que sea tan masivo como en el caso de la música, pero sería muy deseable).

Lo mencionado hasta ahora tiene que ver con el copyright, que protege la materialización de las ideas en un medio transmitible, pero en el caso del fabbing damos de lleno en las patentes, que protegen las ideas mismas. ¿Qué sentido tendrá una patente cuando cualquiera pueda reproducir en casa eso por lo que alguien ha pagado millones? Seremos aún más criminales y la falacia de la propiedad intelectual todavía será más evidente.

Se acerca una guerra y más vale que estemos preparados para comprenderla observando lo que ha sucedido hasta ahora y esperando lo peor. No nos enfrentaremos con distribuidores y creadores de cultura, sino contra empresas que han invertido muchísimo dinero para tener un monopolio por un tiempo limitado y con muchos abogados a su servicio. Nos querrían mansos y dóciles, pero por suerte no somos así.

¡Entérate, necesitamos la abolición de la propiedad intelectual!

Más info:

Por David Gil, 1 mayo 2007, 13:40

Gracias a Barrapunto y a Raspu me entero (y me alegro) de que el proyecto Freedom Defined ha llegado a la versión estable 1.0. Desde una visión crítica, tiene unas bases sólidas, unos principios coherentes y rechaza el concepto de Propiedad Intelectual (quizás sin darse cuenta, como en el software libre) respetando al mismo tiempo los derechos morales. Es algo que se debería haber hecho hace mucho tiempo y que nos habría evitado muchos problemas actuales.

Sin embargo, no podemos estar de espaldas a la realidad y, como sostengo en este artículo anterior, la batalla de los términos creo que la tenemos perdida y debemos renovarnos o morir absorbidos por la masa copyguay.

Aún nos queda camino por recorrer, pero ahí estaremos.

Por David Gil, 16 febrero 2007, 1:28

Al leer la noticia de que la comunidad mapuche había demandado a Microsoft por haber traducido a su lengua, el mapudungún, Windows XP sin su permiso me quedé muy sorprendido, sobre todo cuando le acusaban de “pirata intelectual”. Estas palabras incluso llegaron a ponerme a favor de la empresa. Pensaba en la gente que se parte los cuernos por que tengamos software traducido al catalán (muy, muy bien) sin cobrar ni un duro. Entonces, ¿cómo podía ser que los mapuche se enfadaran por algo que muchas comunidades lingüísticas minoritarias y minorizadas ansian? ¡Qué poca visión sociolingüística! Entonces llegué a la conclusión de que había algo que no cuadraba. Leyendo varias fuentes me hice una idea general de lo que había sucedido, pero no ha sido hasta que me he encontrado con el clarificador artículo de David de Ugarte que me he creado una opinión clara, ya que sus contactos sudamericanos dan una visión mucho más profunda.

Yo creo que en realidad todo es un malentendido que se ha magnificado por la obsesión que nos invade a muchos de nosotros por el copyright (como bien me dijo una amiga, en los hackmeetings casi hay más abogados especialistas en licencias que expertos en informática), por las declaraciones desafortunadas de los mapuche y por la manera en que se ha planteado la noticia.

En realidad los mapuche no hacen nada más que defender el derecho a que respeten su lengua y a que cuenten con ellos, los hablantes, para establecer oficialmente el alfabeto que ellos quieren. No es la primera vez que se destruye o se divide una lengua a base de crear una ortografía o alfabeto diferente y “oficial” para crear debates estériles y sin ningún otro objetivo que debilitarla y que se hable sólo la dominante. Es el famoso “divide y vencerás” del que tenemos ejemplos muy cercanos. Bajo la presión de idiomas y gobiernos mayoritarios, las minorías reaccionan intentando ser dueñas de su cultura. El problema es que lo denuncian utilizando las palabras equivocadas. Estoy seguro de que cuando acusan a Microsoft de “pirata” no lo hacen con el significado que le damos nosotros. Es más, es posible que, como la mayor parte de la población, no tengan mucha idea de qué significa el copyright.

Lo que en ningún caso es lógico, ni creo que sea la intención, es defender una lengua a base de propiedad intelectual, ya que sería demencial controlar la reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de una herramienta de comunicación que está en el dominio público, como todas las lenguas. Son ámbitos muy diferentes. El copyright confiere esas restricciones con el fin de ganar dinero, no para el control de la ortografía y de las reglas gramaticales, que de todas maneras es imposible. No creo que ningún juez encuentre ningún sentido a sus demandas en esos términos y no me imagino qué clase de abogado les debe de estar aconsejando.

Por eso, si los mapuche quieren hacer fracasar esa traducción deben dejarse de juicios, organizarse y traducir software libre como el OpenOffice.org a su lengua y con su ortografía y alfabeto. Deben hacer boicot a Windows en cualquier idioma, así como desacreditar a Microsoft explicando las razones mediante términos no relacionados con la propiedad intelectual. Es la única manera, la única, de que lleguen a algún resultado útil y coherente con lo que defienden.

Por David Gil, 30 noviembre 2006, 1:10

Antes de empezar a disertar, me gustaría que leyeras la frase siguiente:

Este disco es de música libre

Piensa en qué quiere decir para ti. ¿Qué características tiene o podría tener ese disco?, ¿te despierta simpatía?, ¿por qué?, ¿crees que es necesariamente positiva?

Dependiendo de lo que hayas respondido, este artículo puede chocar, o no, con tu manera de pensar. Mi deseo es responder a algunas preguntas que están ahí pero carecen una respuesta rápida entre tanta confusión: ¿qué quiere decir “libre” cuando se refiere a la cultura?, ¿cuáles son los mínimos exigibles a una obra para tener esa consideración?, ¿hay algún tipo de consenso general?, ¿cómo se ha llegado a construir el significado de ese concepto?, ¿nos es útil para quienes pensamos que el conocimiento no debe controlarse mediante monopolios? y, si no es así, ¿qué alternativas tenemos?

Los orígenes

Desde sus comienzos, el término “libre” ha generado polémica por ser ambiguo en su idioma original, en el que se utiliza “free” tanto para “libre” como para “gratis”. Esto ha causado cierta confusión entre la gente, que no conseguía entender que un producto puede ser libre y al mismo tiempo costar dinero en ciertas circunstancias.

No obstante, en el mundo del software la línea que separa lo libre de lo que no lo es se distingue perfectamente gracias al esfuerzo por definir la base teórica mediante manifiestos y principios. En muy pocas ocasiones hay duda de en qué grupo se sitúa cada programa.

Asimismo, a partir de los programas libres surgió el “copyleft”. Del “All rights reserved” pasamos al “All rights reversed”. Se le dio la vuelta al copyright utilizando el concepto de copyright y se consiguió una imagen especular: de la misma manera que el copyright asegura que todas sus obras derivadas disfrutan del monopolio del autor, el copyleft garantizaba que los derivados de una obra libre no dejarían de serlo. Una idea genial con un nombre genial. Difícilmente se puede superar algo así, debido a que el inglés permite juegos de palabras inimaginables en las lenguas románicas.

El concepto Las implicaciones de esta filosofía son extraordinarias. El conocimiento deja de pertenecer a una persona para ser el “monopolio” de toda la humanidad. Por ejemplo, el código de Linux tiene un copyright, pero sólo porque en el sistema actual no queda más remedio. En términos prácticos es de todos, ya que cualquiera lo puede usar con cualquier fin, eso sin olvidar los derechos morales.

Está muy difundida la creencia de que el copyright es necesario para el software libre, pero no es cierto. Por una parte, existen licencias del tipo BSD o Apache, que no son copyleft pero han permitido crear cantidad de código libre. Por otra, si estamos de acuerdo en que el fin último del movimiento del software libre es que lo habitual acabe siendo abrir el código, que incluso constituya una ventaja competitiva, debemos considerar que las licencias copyleft, las del tipo GPL, son una reacción transitoria al copyright. En el momento en el que todos los programas fueran libres, serían innecesarios tanto el copyright como el copyleft, porque el uno sin el otro no tienen sentido.

El hijo bastardo de una filosofía ideal(ista)

Hemos comentado la situación del software libre, pero, ¿qué ha pasado con las obras culturales? Aunque al principio la gente se resistió ligeramente a considerar que licencias con cláusulas restrictivas como CC-by-nc fueran libres, y menos copyleft, la moda de las etiquetas CC ha invadido el panorama cultural, tanto el de espíritu análogo al software libre como el ilusoriamente alternativo. Los términos que con tanto mimo se definieron en el software libre se vaciaron de contenido y este desplazamiento semántico ha llegado a considerar cualquier licencia CC como libre y copyleft. Por si no fuera poco, estas palabras dejan de ser entes separados para fundirse en un único concepto, que incluso podemos escribir como “libre-copyleft”.

De esta manera, estas licencias han llegado a ser una flexibilización burda del copyright sin ninguna pretensión revolucionaria. No hubo debate ni hay aún bases teóricas de ningún tipo con un mínimo de solidez y coherencia. Triunfó la mentalidad de que no es necesario sacrificar más derechos de los que el autor quiere “donar”, de que el autor es dueño y señor de sus obras; se asentó en el sentido común que ciertos derechos de explotación son imprescindibles si se quiere ganar dinero. En definitiva, que es fácil ser alternativo sin cambiar de paradigma. Esta estrategia ha consistido en cambiarlo todo para que todo siga igual.

Como estaba intrigado por la definición de “libre” y “copyleft” por parte de la gente de CC, la busqué y así aterricé en esta joya de la editorial Traficantes de Sueños. Es lógico que, como intermediarios, defiendan el monopolio del copyright, aunque sea una versión edulcorada (o amargada, según mi punto de vista):

Ya que que muchos creadores no consideran imprescindibles muchas de estas libertades [las propias del software libre] y debido a que muchas obras, dado el alto nivel de inversión que requieren, no serían realizadas si se permitiese la distribución comercial, es una convención corriente admitir que el copyleft en el ámbito de la cultura debería por lo menos permitir la libertad de copia y de distribución no comercial.

En otra sección lo repiten de esta manera:

La libertad mínima de la más restrictiva de las licencias de Creative Commons permite la copia, la distibución [sic], la exhibición y la interpretación del texto siempre y cuando se respete la autoría del mismo, no se utilice con fines comerciales y no se altere, se transforme, se modifique o se reconstruya. Esta podría ser considerar [sic] como la licencia mínima copyleft para los bienes culturales.

El concepto Estos dos párrafos niegan cualquier alternativa al modelo de negocio mayoritario actualmente, basado en la escasez artificial de obras y autores. Pero lo más importante es que esta definición está totalmente alejada de los orígenes, que supusieron una revolución, un cambio de paradigma que ha permitido una explosión de creatividad y de nuevas maneras de ganarse la vida. Nada ha cambiado en términos de estrategias de negocio porque sólo una minúscula minoría se atreve a renunciar a los derechos de explotación para apostar por ganar dinero de manera diferente.

Como se puede apreciar, la filoignorancia de CC ha logrado que en Flickr una inmensa mayoría de imágenes de su sección no sean libres, tal como lo entiendo yo:

Gráfica de obras con licencia CC en Flickr

Debemos darnos cuenta de que el copyright y esas licencias tan veneradas no son tan diferentes y el negocio, por tanto no cambia. Aún recuerdo cuando en la lista de CC-es se vio de una manera tan natural que una Sociedad de Gestión de Derechos pudiera recaudar los tributos de explotación. Yo me pregunto, ¿en qué hemos avanzado? Hemos pasado de lo que podría haber sido un movimiento totalmente rompedor a confundir otra vez “gratis” y “libre”.

Además, en el otro extremo y para enredar aún más el asunto, se encuentra un movimiento que sólo considera libres las obras que además de ser anónimas no son objeto de comercialización. ¿Alguien da más?

Cómo tapar las goteras con una regadera

En los últimos meses ha aparecido un proyecto que tiene como objetivo definir la libertad en el contexto de la cultura según lo que significaba en sus orígenes. Yo ya puedo predecir que con toda seguridad no tendrá éxito porque la masa ya ha asumido que para que una obra sea libre no es necesario hacer el esfuerzo de renunciar a todos los derechos de explotación y quedarse sólo con los derechos morales. Simplemente debemos renunciar a cobrar por… la comunicación pública sin ánimo de lucro. Ve y diles ahora que ni son libres ni copyleft. Se te comen vivo y además te dicen que eres un radical, que cómo van a comer de sus obras si no les ponen algún límite. No será porque no hay modelos de negocio diferentes y, por desgracia, sin explorar.

Para poner las cosas más difíciles, numerosos medios de comunicación así como en varias sentencias judiciales se ha repetido la palabra “copyleft” ad nauseam. Es totalmente imposible cambiar esta inercia. No podemos parar una apisonadora que va a toda velocidad, aplastándolo todo a su paso.

Entonces, los colectivos que no estamos de acuerdo con el significado “oficial” nos encontramos un problema muy grave. No podemos utilizar los términos “libre” y “copyleft” sin caer en el saco de “todo lo demás que no es copyright”. Un conjunto muy grande y sin distinciones. Nos hemos quedado sin significantes para los significados, o más bien nos los han usurpado. Yo soy uno de los primeros interesados en encontrar una manera de designar mis obras, que son mucho más que “libre-copyleft”. Además, ¿por qué tenemos que mezclar lo que pide a gritos ser separado? El hecho de que “vaso” tenga varios significados no es un problema. En cada contexto se puede saber a qué se refiere. Sin embargo, términos tan importantes como los que conforman la base teórica de todo un movimiento no pueden significar una cosa y la contraria. Es inaceptable porque lo desacredita y lo vuelve vulnerable e incoherente.

Rompamos con lo establecido

Si no podemos utilizar lo que conocemos, estamos obligados a renovarnos, a buscar alternativas, a crear esas bases tan necesarias. No es necesario inventar genialidades como “copyleft”, ya que son muy difíciles de repetir, tenemos que utilizar lenguaje accesible y directo, sin florituras, que no se deje corromper y que deje claro lo que queremos decir.

Para eso, tenemos que fijarnos en cuáles son las características comunes de las obras bajo licencias que considero libres. En sus orígenes, “libre” se refería a una creación sin ataduras de ningún tipo. Si lo analizamos, podemos comprobar, que no restringen la reproducción ni la distribución, tampoco la comunicación pública ni la transformación y, por tanto, son obras “sin restricciones”. ¿Evidente?, claro, de eso se trata.

Es necesario advertir que en este contexto la cláusula vírica de, por ejemplo, la licencia GFDL, no se debe considerar que actúa como “restricción”, sino más bien como garantía de que ni esa obra ni sus derivadas impondrán ningún obstáculo a nadie. Para sustituir “copyleft”, podemos añadir “con cláusula vírica”, pero tampoco es una característica tan crucial para tener que explicitarla siempre.

Desde luego, estas dos frases no suenan igual:

  • Este disco es de música libre.

  • Este disco es de música sin restricciones.

La primera no sabemos muy bien qué quiere decir, la han hecho ambigua. ¿Las canciones estarán en el dominio público?, ¿se podrán transformar?, ¿permiten el uso lucrativo?, ¿se permite colgarlas en una página web con publicidad? Sin embargo, mientras CC no se lo apropie, la segunda frase es clara y completamente transparente.

Quizás pienses que mi alternativa es muy larga y pesada. Es posible, teníamos dos términos llenos de significado que designaban lo que queríamos decir, pero ya no los podemos utilizar. La aceptación de esta alternativa dependerá de la necesidad que tenga la gente de utilizarla. Como en todas las lenguas, la carencia de un vestido para los nuevos significados es la responsable de la creación de palabras que no tienen por qué tener éxito. Es posible que surja otra manera de decirlo más adecuada y yo estaré muy contento si es así.

Para finalizar, debemos pensar en qué es realmente lo que defendemos: ¡el conocimiento sin restricciones! Rechazamos los obstáculos. No queremos ver parcelas de saber y creatividad secuestradas, sino un conocimiento inmenso que no pare de crecer y que debe ser de todos y de nadie en particular. Sin copyright, sin patentes y sin licencias seudomaravillosas, pero con posibilidades de ganar dinero, quizás incluso más que ahora. Son muchos los caminos que llevan a esa meta. Demos el primer paso de una vez.

Por David Gil, 3 octubre 2006, 20:49

Ésta es una comparación del copyright con las licencias sin restricciones más conocidas.

Actualización (27/7/2006): He trasladado la tabla a mi contextopedia.

Por David Gil, 29 junio 2006, 18:45

A continuación publico una tabla que compara las restricciones del copyright con las de las licencias semiprivativas, que son aquéllas cuyo autor ha dejado en vigor algún tipo de restricción mientras que ha flexibilizado otros sin llegar a eliminarlos. He marcado en amarillo lo que es diferente respecto al copyright.

Esta tabla también la comentaré y la citaré con frecuencia en otros artículos.

Actualización (27/7/2006): He trasladado la tabla a mi contextopedia.

Por David Gil, 23 mayo 2006, 19:06

Este esquema resume las diversas formas de explotar una obra cultural a través del copyright. A mí me costó bastante entender las diferencias entre reproducción, distribución y comunicación pública, en parte porque en inglés “distribution” comprende tanto nuestra distribución como la comunicación pública.

El objetivo de este post es aclarar los conceptos. Haré referencia a él constantemente en futuros artículos.

Actualización (27/7/2006): He trasladado la tabla a mi contextopedia.

Actualización (28/7/2006): He cambiado el título del post para distinguir entre derechos de explotación y tributo de explotación.

Por David Gil, 20 mayo 2006, 16:21