En este segundo trimestre de astrología hemos estudiado los signos de todas las maneras posibles. Primero, agrupándolos por elementos (fuego, tierra, aire y agua) y por modalidades (cardinales, fijos y mutables). Después, por ejes, es decir, los pares Aries-Libra, Tauro-Escorpio, Géminis-Sagitario, Cáncer-Capricornio, Leo-Acuario y Virgo-Piscis. Estos signos se encuentran uno enfrente del otro, son dos caras de la misma moneda y para hablar de uno tienes que hablar de su opuesto porque se complementan.
En las siguientes clases vimos los signos por cuaternarios, desde los más personales (Aries, Tauro, Géminis y Cáncer) hasta los más impersonales (Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis), pasando por los sociales (Leo, Virgo, Libra y Escorpio). Finalmente, hemos aprendido que cada signo tiene una afirmación que encierra su esencia, como, por ejemplo, el «Yo siento» de Cáncer, el «Yo pienso» de Géminis y el «Yo deseo» de Escorpio.
Otro aspecto que hemos estudiado son los planetas visibles a simple vista, los que la astrología clásica ya contemplaba: los luminares (el Sol y la Luna), los planetas personales (Mercurio, Venus y Marte) y los sociales (Júpiter y Saturno). De cada uno hemos estudiado las características astronómicas, la mitología y qué significado astrológico se deriva de ella, así como todo el simbolismo que les rodea.
Dos libros que están muy bien al respecto:
- Los luminares, de Liz Greene y Howard Sasportas.
- Los planetas interiores, de los mismos autores
Después del segundo trimestre me siento como en un desierto. Estoy solo y totalmente apabullado por la cantidad de información que tengo que asimilar, perdido entre dunas hermosas. Me cuesta escribir y querría no tener esta necesidad tan asfixiante de aprender algo que en principio no tiene nada que ver con la literatura, pero que al mismo tiempo está transformando la percepción que tenía de la psicología y de las relaciones y, en definitiva, toda mi visión del universo.
Por ejemplo, una decisión muy personal que he tomado ha sido dejar de lado el monoteísmo represor y y ofrecerme a todos los dioses que habitan en mí: haré un altar al violento Marte, me rendiré ante Venus y me aprovecharé de los dones que me ha dado Hera. Eso sí, a los dos dioses que entregaré mis más preciadas oraciones son Mercurio, el dios de la comunicación y las palabras, y Saturno (Cronos), el más severo maestro, que siempre te recuerda que el tiempo y tus capacidades son limitadas y que tienes que aprovechar el primero y mejorar perpetuamente las segundas.
Cada vez tengo más claro que ya no hay vuelta atrás y este aprendizaje marca un antes y un después. Mediante la escritura quiero ahondar en mi inconsciente, es decir, aquellas partes de mi carta a las que no llega la luz de mi ego, sobre todo aquella parte escorpiniana tan potente que en mi carta se refleja en diversos puntos. El más obvio es Venus y Urano en Escorpio en la primera casa. Después, tengo Plutón conjunto al ascendente, que es Libra, cuyo regente es Venus en Escorpio. Por último, la cúspide de la casa VIII, relacionada con Escorpio, está en Tauro, cuyo regente también es Venus en Escorpio. Éste es un signo apasionante porque nos traslada a la parte más oscura y oculta de nuestra naturaleza: el sexo, la muerte, el inconsciente, el deseo y la manipulación emocional más poderosa. ¿Dónde tengo escondido todo eso? ¿A través de qué caminos llevaré a mis personajes para que lo vivan por mí y me transformen?