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Desde que la cadena Cuatro ha sido depredada por Telecinco, programas como “Fama” (que dentro de ser un reality transmitía unos valores de esfuerzo y superación) han degenerado hasta llegar al nivel de inteligencia de un embrión congelado. Porque lo grave no es que rechacen la astrología occidental confundiendo signos y constelaciones, poniendo a un payaso que no sabe lo que dice, preguntando a gente de la calle que desconoce en qué signo tiene la Luna y utilizando una prepotencia insultante. Esto no es lo grave, esto es lo normal, porque la astrología tiene mala fama tanto por desconocida como por el maltrato que sufre por parte incluso de los mismos astrólogos.

Lo peor es que pongan como algo extraordinariamente novedoso la precesión de los equinoccios, descubierta según ellos por un investigador (que no nombran), y que aseguren que existe un nuevo “signo” llamado Ofiuco. En realidad, la precesión de los equinoccios es conocida desde hace siglos y a los astrólogos no les pone nada nerviosos, ya que el signo de Aries siempre comienza en… el punto Aries, es decir, el punto de comienzo de la primavera. Es curioso cómo la constelación de Ofiuco (que no será nunca un signo, como tampoco lo serán Lira ni Casiopea) sale cada cierto tiempo en las noticias como si hubiera sido descubierta nuevamente y algún iluminado hubiera encontrado en ella la clave para desmontar la astrología.

Si éste es el tratamiento profundo que hacen de los temas que conozco, ¿cómo me puedo fiar de la información que dan de los temas que no conozco, sea la cadena que sea?

Otro artículo sobre el tema (Lynn Hayes): Your “zodiac sign” has not changed!

Por David Gil, 15 enero 2011, 1:35

Muy bueno el artículo de José Royo (a quien no conocía) sobre el significado astrológico de Saturno: los límites, la rigidez, los complejos, la inseguridad. Y un libro imprescindible para entenderlo es Saturno, un nuevo enfoque de un viejo diablo, de Liz Greene, aunque mejor en su versión en inglés, porque la traducción al castellano es de lo más lamentable.

Por David_Gil, 11 enero 2011, 1:14

Hoy he tenido un día particular, de aquellos en los que dices lo que piensas a todo el mundo sin miedo a que sea el jefe, el compañero o la mujer de la limpieza. No sé si alguien se ha extrañado en el trabajo, pero yo sí que he pensado “algo tiene que estar pasando, yo en realidad no soy así”. He dicho lo que tenía que decir. Incluso he reclamado a una camarera que me cambiara el croissant de chocolate chuchurrío que me había puesto, algo que no digo nunca, ya que me suelo conformar con lo que me ponen aunque no me parezca bien.

Esta tarde, al mirar las efemérides, he encontrado la respuesta: Marte en el cielo está sobre mi Mercurio natal. El dios de la guerra ha hecho que el dios de la comunicación se autoafirme y diga lo que piensa, sin tener en cuenta ni la persona ni las consecuencias. Por suerte, nadie parece haberse enfadado y, además, los tránsitos de Marte son rápidos y no suelen durar más de uno o dos días, aunque, bien mirado, esta experiencia me debería enseñar unas cuantas cosas.

Por David Gil, 10 noviembre 2010, 23:58

La Astrología occidental se basa en cuatro elementos, es decir, fuego, tierra, aire y agua. Cada uno de ellos percibe el mundo desde un punto  de vista diferente. Por ejemplo, el fuego percibe a través de la intuición el potencial de las cosas. La tierra, en cambio percibe a través de los sentidos y del cuerpo físico, por lo que ve lo que es real, los actos. El aire percibe a través de los conceptos abstractos, las ideas, es objetivo. Por último, el agua percibe a través de las emociones.

Hoy quería hacer un pequeño juego, imaginando cómo diría “Te quiero” cada elemento, independientemente del signo.

  • Fuego: Intuyo que lo nuestro será apasionante.
  • Tierra: Déjame abrazarte.
  • Aire: Eres objetivamente hermosa.
  • Agua:
    • -Hoy: ¡Te quiero!
    • -Mañana: ¡Te odio!

¿Te identificas con alguno de ellos?

Por David Gil, 7 noviembre 2010, 21:05

La pregunta que aparece en el título es una de las más comunes cuando hablas de Astrología. Cuando la contestas, quien la ha formulado suele sacar conclusiones instantáneas sobre tu manera de ser, pero muchas veces surge una exclamación de sorpresa, algo así como “¡Pues no lo pareces!”. El problema está en que se basa en las siguientes dos premisas incorrectas:

  1. Sólo hay que fijarse en el signo donde está el Sol
  2. La manera de ser está definida por el signo solar

Si todo fuera tan fácil, se aprendería Astrología en un fin de semana, no se tardaría años, ya que con doce arquetipos tendríamos el tema solucionado. Pero la realidad nos dice que es primordial tener en cuenta que en la carta hay diez planetas: Sol, Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón. Cada uno de ellos tiene una ubicación por signo y casa, y forma un determinado ángulo (aspecto) con los otros. Con tantas variables, la complejidad de la interpretación es abrumadora y una afirmación como “Soy Aries” deja de tener sentido porque hay que mirar la carta astral como un todo, como un contexto en el que las pequeñas partes por sí solas no significan nada.

De hecho, la única razón por la que los autores de los horóscopos de los periódicos (la “Astrología basura”) han escogido el Sol como referencia es que su entrada en los signos es más o menos constante, aunque cada año varía tanto en el día como en la hora, por lo que hay que mirar las efemérides. De hecho, a más de una persona que pensaba que tenía el Sol en un signo le he tenido que decir que en realidad lo tenía en el siguiente o en el anterior.

Es fácil saber en qué signo estaba el Sol el 15 de agosto de 1986, pero ¿y todos los otros planetas? Una persona puede tener el Sol en Leo, por ejemplo, y al mismo tiempo tener seis planetas en Escorpio en la casa 8 (la casa de Escorpio); otros dos en Cáncer; y Plutón (el regente de Escorpio) haciendo cuadratura a todos ellos. El arquetipo de Leo estará más que escondido en la psique de esta persona.

Por otro lado, la segunda premisa es incorrecta porque el nuestra manera de ser en realidad se refleja en los rasgos del signo donde está la Luna, matizado con los aspectos que forma con otros planetas y por la casa donde esté. La Luna es lo instintivo, lo que es natural en nosotros.

En cambio, el Sol es una conquista, un proceso, y los rasgos del signo donde esté definen el camino que uno tiene que recorrer y cultivar para sentirse pleno. Es el “tengo que llegar a ser” que uno nunca alcanza del todo.

Por tanto, uno vive, consciente o inconscientemente, el signo lunar, pero puede morir sin haber recorrido ni un solo paso del camino del signo solar. Asimismo, es posible poner el acento en el signo solar y rechazar lo instintivo, pero esto tampoco nos llevará a la plenitud. Lo recomendable es cultivar el signo solar valiéndose de lo lunar y teniendo en cuenta todos los otros planetas que conforman las herramientas y los temas esenciales de nuestra vida.

Por David Gil, 21 octubre 2010, 23:46

El aspecto más exacto de mi carta (cero grados y cero minutos de orbe) es un quincucio, que une signos con energías totalmente diferentes (Aries-Virgo, Tauro-Libra, etc.) Los aspectos más exactos de una carta son los más potentes, por lo que me ha entrado curiosidad por saber un poco más. Este artículo lo explica muy bien y da las consabidas recetas entre planetas (a las que nunca hay que hacer mucho caso).

Por David_Gil, 12 octubre 2010, 12:34

En astrología, hay muchos conceptos que se manifiestan como polaridades cuyos extremos no se pueden explicar de manera independiente, de hecho se necesitan para conseguir un equilibrio. Por ejemplo, Saturno, planeta regente del signo Capricornio, representa los límites, las inseguridades, aquello que perdura, que es real, palpable, sólido y esencial en uno mismo, el recuerdo de que somos mortales y de que el tiempo se acaba (Saturno es Cronos en griego). Por otro lado, Júpiter, regente de Sagitario, representa la intuición, el entusiasmo y la expansión sin límites, la sensación de que estamos tocados por los dioses y de que somos inmortales.

Saturno es el viejo, la seriedad, el esfuerzo, la constancia, el sudor, la cristalización de los proyectos. Júpiter, en cambio, es el púber, los proyectos que se suceden uno tras otro sin llegar a materializarse.

Con estas pinceladas, seguro que veréis con claridad que la siguiente cita del escritor Philip Roth refleja a la perfección la esencia de Saturno:

Desde fuera podría parecer una vida de máxima libertad: no tienes horarios, eres tu propio jefe, te destacas para la gloria. Aparentemente puedes escribir sobre cualquier cosa. Sin embargo, cuando te pones a escribir, lo único que hay son precisamente límites. Estás atado a un tema. Atado a una obligación de que tenga sentido. Obligado a convertirlo en libro. Si quieres que algo te recuerde tus propias limitaciones virtualmente cada minuto, no puedes escoger una ocupación mejor. Tu memoria, tu sentido del lenguaje, tu inteligencia, tus simpatías, tus observaciones, tus sensaciones, tu entendimiento, nunca bastan. Descubres más sobre tus carencias de lo que en verdad te conviene. Todo tu ser es un encierro que luchas por romper. Y todas esas obligaciones resultan aún más atroces porque te las has impuesto tú mismo.

Por David Gil, 10 mayo 2010, 0:06

En este segundo trimestre de astrología hemos estudiado los signos de todas las maneras posibles. Primero, agrupándolos por elementos (fuego, tierra, aire y agua) y por modalidades (cardinales, fijos y mutables). Después, por ejes, es decir, los pares Aries-Libra, Tauro-Escorpio, Géminis-Sagitario, Cáncer-Capricornio, Leo-Acuario y Virgo-Piscis. Estos signos se encuentran uno enfrente del otro, son dos caras de la misma moneda y para hablar de uno tienes que hablar de su opuesto porque se complementan.

En las siguientes clases vimos los signos por cuaternarios, desde los más personales (Aries, Tauro, Géminis y Cáncer) hasta los más impersonales (Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis), pasando por los sociales (Leo, Virgo, Libra y Escorpio). Finalmente, hemos aprendido que cada signo tiene una afirmación que encierra su esencia, como, por ejemplo, el «Yo siento» de Cáncer, el «Yo pienso» de Géminis y el «Yo deseo» de Escorpio.

Otro aspecto que hemos estudiado son los planetas visibles a simple vista, los que la astrología clásica ya contemplaba: los luminares (el Sol y la Luna), los planetas personales (Mercurio, Venus y Marte) y los sociales (Júpiter y Saturno). De cada uno hemos estudiado las características astronómicas, la mitología y qué significado astrológico se deriva de ella, así como todo el simbolismo que les rodea.

Dos libros que están muy bien al respecto:

  • Los luminares, de Liz Greene y Howard Sasportas.
  • Los planetas interiores, de los mismos autores

Después del segundo trimestre me siento como en un desierto. Estoy solo y totalmente apabullado por la cantidad de información que tengo que asimilar, perdido entre dunas hermosas. Me cuesta escribir y querría no tener esta necesidad tan asfixiante de aprender algo que en principio no tiene nada que ver con la literatura, pero que al mismo tiempo está transformando la percepción que tenía de la psicología y de las relaciones y, en definitiva, toda mi visión del universo.

Por ejemplo, una decisión muy personal que he tomado ha sido dejar de lado el monoteísmo represor y y ofrecerme a todos los dioses que habitan en mí: haré un altar al violento Marte, me rendiré ante Venus y me aprovecharé de los dones que me ha dado Hera. Eso sí, a los dos dioses que entregaré mis más preciadas oraciones son Mercurio, el dios de la comunicación y las palabras, y Saturno (Cronos), el más severo maestro, que siempre te recuerda que el tiempo y tus capacidades son limitadas y que tienes que aprovechar el primero y mejorar perpetuamente las segundas.

Cada vez tengo más claro que ya no hay vuelta atrás y este aprendizaje marca un antes y un después. Mediante la escritura quiero ahondar en mi inconsciente, es decir, aquellas partes de mi carta a las que no llega la luz de mi ego, sobre todo aquella parte escorpiniana tan potente que en mi carta se refleja en diversos puntos. El más obvio es Venus y Urano en Escorpio en la primera casa. Después, tengo Plutón conjunto al ascendente, que es Libra, cuyo regente es Venus en Escorpio. Por último, la cúspide de la casa VIII, relacionada con Escorpio, está en Tauro, cuyo regente también es Venus en Escorpio. Éste es un signo apasionante porque nos traslada a la parte más oscura y oculta de nuestra naturaleza: el sexo, la muerte, el inconsciente, el deseo y la manipulación emocional más  poderosa. ¿Dónde tengo escondido todo eso? ¿A través de qué caminos llevaré a mis personajes para que lo vivan por mí y me transformen?

Por David Gil, 19 abril 2010, 1:11