Desde hace un tiempo quiero hacer un programa de Astrología para Android cuyo código se pueda utilizar también en el escritorio. Es decir, quiero hacer un programa totalmente multiplataforma. En cuantas más plataformas se pueda utilizar, mejor.

Para ello, he estado aprendiendo Java (Android está escrito en Java) y para el escritorio he estado utilizando la biblioteca Qt para Java, pero me he dado cuenta de que ese lenguaje me estaba dando bastantes problemas. Por una parte, la distribución del programa compilado es un infierno y, por otra, Qt-Jambi está muy por detrás de las Qt oficiales (y desde que dejaron de tener el apoyo oficial de Nokia, aún más).

La buena noticia es que ha aparecido una versión de las Qt para Android (página web) que soluciona todos esos problemas. Ha llegado la hora de dejar de lado Java y aprender el lenguaje oficial de las Qt: C++ (1, 2). Es muy parecido a Java y, además, me permitirá disponer de todas las mejoras que salgan en Qt de manera inmediata. En realidad, C++ es más difícil que Java, pero con Qt se simplifica mucho y, en cualquier caso, me permitirá reutilizar el código para hacer un plasmoide astrológico.

Por David Gil, 28 noviembre 2011, 12:00

Ahora mismo estoy inmerso en la lectura de “Sincronicidad como principio de conexiones acausales” y otros escritos de Jung con el objetivo de completar el artículo Jung y la Astrología. Tengo ya una idea bastante formada, pero necesito tiempo para estructurarlo bien y, sobre todo, ser lo más objetivo posible. Para ello, esta semana hago un parón hasta el mediodía del lunes que viene. Hasta entonces, buena semana.

Por David Gil, 23 noviembre 2011, 12:00

Leer una parte de la obra de Jung me está dando la curiosidad necesaria para conocer más a fondo su biografía, que se puede ver en estos vídeos, y diversas entrevistas, donde se le puede escuchar hablar con ese inglés con acento alemán tan característico. Es extremadamente interesante darse cuenta de que la duda le asaltaba continuamente, a diferencia de Freud, de quien tuvo que separarse en 1913 por discrepancias evidentes. Mientras Freud achacaba la mayor parte de las pasiones humanas al sexo y prácticamente lo consideraba un dogma, Jung vio que esa restricción a una sola variable era incompleta, que había muchas más, entre otras la religión, los mitos, el inconsciente colectivo, etc.

La duda llevó a Jung a crear toda una rama de la Psicología, pero qué duro debió de ser seguir ese camino.

La duda lleva al enfrentamiento con absolutamente todo el mundo, porque te obliga a abrir sendas propias, a renunciar a la normalidad. Es cansado, pero quizás no queda otro remedio.

Seguiré dudando y caminando hacia el Sol.

A partir de ahora, intentaré disfrutar del viaje, porque sólo yo puedo recorrerlo.

Por David Gil, 21 noviembre 2011, 12:00

A menudo, la gente que sabe que estudio Astrología se sorprende cuando digo que me encanta la Astronomía. Les debe de parecer que son disciplinas incompatibles, como si se excluyeran mutuamente por la imposibilidad de ubicarse en un mismo recipiente, como materia y antimateria. En realidad, es la misma diferencia que hay entre el frío análisis lingüístico de la Filología y el deleite en el océano de agitadas entrañas de la poesía. Son dos miradas opuestas, y complementarias, de lo mismo.

Por David_Gil, 18 noviembre 2011, 12:00

En las clases de Astrología de Lluís Gisbert, la base teórica es de tendencia claramente junguiana. Hablamos de arquetipos, sincronicidad, proceso de individuación, etc. Desde que Carl Gustav Jung desarrolló estos conceptos, una rama de la Astrología tuvo una evolución más psicológica y menos determinista; más orientada a los procesos internos sutiles que a los externos y concretos.

Por eso me choca que, al leer la biografía de Jung en la Wikipedia, me haya encontrado esto:

Jung intentó dar base científica a varios de sus postulados, aunque en muchos casos no halló los medios para lograrlo. Tal es lo que intentaba cuando planteó el principio de sincronicidad (principio por el cual algunos pretenden explicar la supuesta eficacia de las mancias). Contrariando lo que muchos suponen, en la misma obra en que presentó esa hipótesis (Sincronicidad como principio de conexiones acausales, publicado junto con una monografía de Wolfgang Pauli, «La influencia de las ideas arquetípicas en las teorías científicas de Kepler», en Interpretación de la naturaleza y la psique), Jung descartaba de plano la solvencia metodológica de disciplinas como la astrología. Gran parte de los movimientos que en la actualidad se denominan junguianos (particularmente aquellos que han asimilado las creencias Nueva era), defienden argumentos que estarían en abierta contradicción con las ideas originales del autor.

De entrada, el tono de este párrafo no me inspira confianza, pero dado que es una crítica abierta contra la relación entre Jung y la Astrología, quiero tomármelo en serio. Si dice que “(…) en la misma obra en que presentó esa hipótesis, Jung descartaba de plano la solvencia metodológica de disciplinas como la astrología”, tendré que leerme la obra (de hecho, hace tiempo que lo tendría que haber hecho) y comprobar por mí mismo qué dijo. No me importa que sea verdad o no, sólo quiero saberlo.

Por otra parte, es una pena que el autor del párrafo no especifique qué argumentos de los junguianos de la Nueva Era (¿me consideraría uno de ellos? :-D ) estarían en abierta contradicción con las ideas de Jung. Soltar esa frase sin dar más información es cuando menos cuestionable, ya que lo único que aporta son dudas y suspicacia sin ningún fundamento claro.

Como ya tengo el texto, en un próximo artículo explicaré mis conclusiones.

Por David Gil, 16 noviembre 2011, 12:00

«La gente que estudia Astrología lo hace porque ya está predispuesta a creer en ella.»

(Frase oída decenas de veces)

En cada discusión que he tenido con escépticos he aprendido tanto de ellos como de mí mismo. A medida que me plantean sus argumentos y me veo obligado a responder a sus retos, profundizo en su lógica y me doy cuenta de los errores de mis razonamientos. Con ello poco a poco afilo la espada y pulo las imperfecciones. Lo paso mal, pero me hace crecer y al final disfruto con el proceso.

Una de las tareas que hay que ejercitar es la de sensibilizarse a las falacias. Hay que encontrarlas, analizarlas y, lo más importante, saber qué se esconde detrás de ellas. Porque hay que tener siempre presente que en cualquier debate cada afirmación, incluso cada palabra, esconde todo un sistema muy definido de pensamiento y, por tanto, nada se dice de manera inocente y neutra. Lo que se mueve subterráneamente siempre es mucho más que lo que vemos en la superficie. De hecho, lo más importante nunca se pronuncia.

Hoy quería poner como ejemplo la frase con la que empieza el artículo. Después de analizarla he llegado a la conclusión de que se trata de una falacia ad hominem porque no se centra en el cuerpo del debate (si la Astrología funciona o no) sino en la capacidad de los que la estudian para ser objetivos y llegar a una conclusión independiente de sus creencias previas.

La frase encierra todo un discurso menospreciativo:

«Por mucho que tú creas en ella, la Astrología no funciona. De hecho, eres un ingenuo al habértela llegado a creer. Como estabas predispuesto a creer en ella ha sido más fácil que cayeras en el engaño, cuando evidentemente no funciona. Es más, si alguien que no está predispuesto a creer la estudia, enseguida se dará cuenta de que de ninguna manera funciona. Yo no he profundizado en ella, pero sé que no funciona porque no tiene ninguna lógica ni es científico; es todo fruto de sesgos cognitivos de los que no te das cuenta y lo que te pasa es que quieres que funcione para reafirmar tus creencias y sentirte mejor en tu mundo de fantasía.»

Aunque de manera inconsciente, todas estas afirmaciones están contenidas en la frase, y quien la dice no se da cuenta de que sus prejuicios, el filtro a través del cual ve el mundo sin ser consciente de ello, le impiden ser objetivo y afrontar que creer o no es independiente del funcionamiento de la Astrología. Por otro lado, además, no tiene los conocimientos suficientes para juzgar su validez. Sólo hace falta estudiarla para darse cuenta de que sí funciona, pero es un esfuerzo que poca gente está dispuesta a hacer antes de hablar.

Ahora, una leve transformación hará que la frase muestre mi punto de vista:

«Quien estudia Astrología no está predispuesto a pensar que no funciona.»

Por David Gil, 14 noviembre 2011, 12:00

El escritorio de Linux KDE tiene unos programas para llamados plasmoids muy chulos. En la captura de pantalla se pueden ver dos de Astronomía. Uno de ellos dibuja el sistema solar, aunque lógicamente las órbitas son ficticias, ya que en la realidad ni son circulares ni son así de estrechas.

El otro muestra los cuatro satélites de Júpiter tal como se verían por el telescopio.

Captura de pantalla con dos programas de Astronomía en el escritorio

Por David Gil, 11 noviembre 2011, 12:00

Para llegar a tener un contexto propio, necesito llegar a definiciones que expliquen mi punto de vista, mi identidad. Y una de las definiciones más importantes, si no la que más, es la del término «Astrología». Por mucho que su base es común a todos los astrólogos, cada uno la ve y la aplica de manera diferente, igual que cada escritor tiene un estilo propio con el que enfatiza ciertos temas, palabras o giros.

Hay que tener en cuenta, además, que las palabras en una definición nunca son inocentes, por lo que en esta serie de artículos profundizaré en su sentido más esencial para dar con las más apropiadas. Para ello, empezaré desechando las menos adecuadas.

¿Por qué la Astrología no es una ciencia?

Uno de los temas primordiales en la historia de la ciencia es el del criterio de demarcación, es decir, cómo separar aquello que es ciencia de lo que no lo es. En la Wikipedia hay un artículo muy interesante del que se desprenden dos cosas: que hay diversas opiniones, según el autor, y que no es una cuestión tan sencilla como mucha gente cree. Incluso teorías aparentemente tan científicas como la teoría de cuerdas se discute que encajen en esa categoría (en este caso, por diversas razones, quizás sería más apropiado llamarla «protociencia»).

Considero que es normal que los científicos intenten eliminar de su paso todo aquello que no encaje en el método científico. Si no lo pueden concebir a través de sus métodos, es algo que deben dejar de lado. Pero lo que no considero tan normal es que muchos astrólogos intenten por todos los medios hacer encajar la Astrología en el término ciencia. Vivimos en una época y en una sociedad en la que lo único real (repito: lo único a lo que le damos el calificativo de «verdaderamente real») es lo que se puede explicar con términos y ecuaciones matemáticas. Todo lo demás no tiene sentido, no es coherente ni tiene utilidad para el progreso de la humanidad. Por tanto, muchos astrólogos no pueden soportar dedicarse a una disciplina menor e intentan darle más categoría defendiendo que es una ciencia.

Pero es que en otra época y sociedad diferentes, en las que el lenguaje simbólico estuviera más trabajado y captáramos el significado de lo que nos pasa durante la vida con más profundidad, los astrólogos no tendrían ese sentimiento de inferioridad ni malgastarían su energía intentando demostrar lo que no se puede demostrar. La culpa no es de la Astrología.

¿Por qué no encaja en el método científico?

La Astrología no se puede abordar por el método científico porque no trata de cosas medibles, ni de causas y efectos, ni de observadores separados de lo observado. En cambio, habla de símbolos, mitos y arquetipos representados por los planetas, de sincronicidades, significados profundos y cajas que contienen más cajas que contienen más cajas. De hecho, no consideramos la ubicación de un planeta como la causa de lo que pasa en la Tierra, sino como un reflejo en forma de símbolo de lo que pasa, de la misma manera que un reloj no es la causa de que sea la hora que indica, solamente la muestra. La clave está en la interpretación de esos símbolos, que es lo que se estudia en clases de Astrología. Tiene más que ver con la creación literaria, la narración de historias, que con la estadística.

Otra cuestión clave es que no tenemos ni idea de cuál es su funcionamiento ni por qué. ¿Cómo darle a algo el calificativo de ciencia si desconocemos eso? Siempre habrá quien lo intente explicar con la gravedad u otras fuerzas, pero ninguna de ellas resiste un mínimo análisis científico. Sus engranajes son difícilmente aprehensibles porque quizás no estamos capacitados para percibirlos.

También hay astrólogos que han intentado utilizar la estadística, pero conozco pocas disciplinas menos susceptibles de ser analizadas estadísticamente. Una Luna en Aries en sí no significa nada. Dos personas pueden tener la Luna en ese signo, pero como el resto de la carta será diferente (ya que comprende 9 planetas, las casas, los aspectos y los nodos de la Luna, por no hablar de los tránsitos, las revoluciones solares y las cartas progresadas) no hay manera de sistematizar la información. Son demasiadas variables, su interpretación es demasiado compleja y la expresión de cada ubicación planetaria no es unívoca, como se creía en la antigüedad, sino que tiene infinitas manifestaciones que comparten significado.

La ciencia, muy relacionada con el elemento aire, divide el mundo en verdadero/falso, sí/no. No hay gamas. En cambio, la Astrología es mucho más flexible, porque depende del grado de conciencia de cada persona. Quien es más autoconsciente y tiene sus defensas psicológicas más trabajadas, vivirá de manera diferente un tránsito de Plutón o Saturno que quien está en este mundo como un protozoo.

En resumen, intentar encajar la Astrología en el término ciencia denota un complejo de inferioridad y es una pérdida de tiempo, porque la comunidad científica nunca aceptará dentro de sí una disciplina que trabaja con símbolos no cuantificables ni medibles. Y eso, aunque hay a quien no le gusta nada, está bien que sea así. De hecho, es una liberación.

Por David Gil, 9 noviembre 2011, 12:00

Las páginas del libro crujen.

Cuando las muevo respiran certezas que se diluyen

goteando pesadamente.

¿Cuánto hace que quemamos los libros de nuestros padres?

No hace mucho.

¿Cuándo quemarán tus hijos nuestros libros?

Pronto.

Las páginas del libro crujen.

 

Por David Gil, 7 noviembre 2011, 12:00

«Los signos del Zodíaco, o los campos vibratorios que ellos simbolizan, poseen múltiples significados desde el punto de vista de la interpretación conceptual. En rigor, cada signo alude a una totalidad coherente; podríamos decir, a “una sola cosa”. Sin embargo, para nuestra percepción secuencial y fragmentaria -centrada en el sujeto que se imagina separado de aquello que percibe- la vibración zodiacal significa muchas cosas diferentes, y necesitamos realizar un gran esfuerzo para captar su coherencia estructural. Esta es la dificultad inherente a la distancia que reina entre el pensamiento verbal y el lenguaje de los símbolos. Sabemos que este es infinitamente más rico y sintético que el pensamiento lineal que lo interpreta y, desde esta perspectiva, aprender astrología significa desarrollar la capacidad de leer símobolos. La carta natal aparece así como un mapa, un texto que describe con un mínimo de caraceres la matriz de una existencia. En ella, el astrólogo -capacitado para comprender esos símbolos- lee para el constultante la misteriosa página que contiene los lineamientos esenciales de su vida; es un intérprete, un traductor.»

Eugenio Carutti, «Ascendentes en Astrología. Segunda parte», pág. 115

En otra sociedad más acostumbrada al lenguaje simbólico nadie viviría de manera lineal, de manera concreta y unívoca; en cambio, observaríamos un Universo donde pasado, presente y futuro conformarían patrones multidimensionales; donde se tornarían vívidas las conexiones que ahora nos achechan desde la oscuridad del inconsciente; donde los significados se harían tan transparentes que no nos sentiríamos tan perdidos dentro de nuestras propias murallas.

Tú y yo seríamos uno… otra vez.

Por David Gil, 4 noviembre 2011, 12:00