Ya hemos acabado el primer trimestre de astrología y ya puedo hacer un repaso de lo que hemos hecho hasta ahora y comentar un par de reflexiones.
Después de la introducción de la primera clase, en la que el profesor Lluís Gisbert habló sobre la relación del ser humano con el cosmos y sobre varios conceptos astrológicos como sincronicidad y anima mundi, aprendimos el significado de cada uno de los cuatro cuadrantes en los que se divide la carta e hicimos un primer análisis mirando solamente en cuáles había situados más planetas.
En las clases siguientes comenzamos con los cuatro elementos: fuego, tierra, aire y agua. La descripción profunda de cada uno de ellos (combinación de calor o frío con sequedad o humedad) nos hizo separar la psique humana en cuatro aspectos, desde la vitalidad y la creatividad del fuego hasta el deseo de seguridad y monotonía de la tierra, pasando por la racionalidad y el interés por conocer del aire y las emociones y los anhelos del agua. De cada elemento sacamos tanto la cara positiva como la negativa y los problemas que pueden surgir si hay un énfasis excesivo de planetas en un determinado elemento (hay tres signos del zodíaco por cada elemento) o una ausencia total.
Después de analizar los elementos por separado, estudiamos la combinación de ellos. Primero los opuestos, que son el fuego (vitalidad, aventura, ideales) y la tierra (límites, cristalización, encarnación) y el aire (intelecto, desapego, mente) y el agua (irracionalidad, subconsciente). Seguidamente, analizamos las demás combinaciones y de cada una aprendimos tanto los conflictos internos y externos que pueden surgir como las motivaciones que provocan en la psique.
Una de las conclusiones más claras a las que he llegado es que no se puede abordar la astrología desde una perspectiva cientifista, de la misma manera que una ópera de Mozart no se disfruta analizando las frecuencias en que se mueve cada instrumento ni leyendo las partituras, sino escuchándola y sintiendo lo que nos transmite. Hay que preguntarse si el análisis de nuestra carta natal nos resuena y nos sentimos identificados, si nos transmite algo conocido o es una mentira burda y soez. Es un viaje personal y transformador que hay que emprender sin prejuicios y sabiendo que verse en el espejo muchas veces te remueve sentimientos por dentro que preferirías no conocer.
Por último, hace poco me encontré con este fragmento extraído del libro «Astrología, psicología y los cuatro elementos», de Stephen Arroyo, que me hizo reflexionar:
“La mente del principiante” es nuestra mente original, en realidad una mente vacía y dispuesta. Si nuestra mente está vacía, está siempre dispuesta para todo; está abierta para todo. En la mente del principiante hay muchas posibilidades; en la del experto hay pocas… En la mente del principiante no existe el pensamiento “He alcanzado algo”. Todos los pensamientos centrados en uno mismo limitan nuestra mente vasta. Cuando no tenemos pensamiento del logro, pensamiento del yo, somos verdaderos principiantes. Entonces, podemos aprender realmente algo.
Gracias a estas palabras, llegué a la conclusión de que hay dos maneras de escribir. Por un lado, desde el ego, con sus ansias de grandeza, imaginando lo popular que llegará a ser y creyendo que lo que produce es perfecto, por lo que no necesita aprender de nadie y las críticas de los demás serán muy mal recibidas. Por otro lado, desde el alma, desde las entrañas, con humildad, persiguiendo con el trabajo diario el objetivo inalcanzable de ser perfecto algún día.
Si la astrología al final resulta ser una patraña, como mínimo habré aprendido unas cuantas cosas.
del.icio.us