Como funcionario (y ahora mismo opositor de promoción interna) tengo que consultar el BOE a menudo y eso me fastidia sobremanera. Quizás por el hecho de que me he acostumbrado a visitar los blogs a través de sus feeds, sin tener que ir cada día a la página principal, se me hace un mundo tener que comprobar si en el BOE hay algo nuevo que me interese. Recuerdo con una angustia especial la época en que lo consultaba todos los santos días para saber si habían salido los resultados de la oposición, las notas o los puestos de destino y la cantidad de información que me tragaba para nada, como todo lo relativo a la administración local, Justicia, administración autonómica, universidades…
Hoy se me ha ocurrido que lo ideal sería que cada entrada del BOE tuviera etiquetas o categorías asociadas y se pudieran consultar mediante feeds propios. De esa manera me podría suscribir mediante un agregador a todo lo que estuviera relacionado con el Ministerio de Medio Ambiente (en el que trabajo actualmente) o a convocatorias de concursos estatales y desechar todo lo demás.
No sólo eso, sino que se podría hacer lo mismo con las páginas del MAP donde se recoge la información de convocatorias concretas y así los opositores nos podríamos enterar de cuándo sale la convocatoria, la lista de admitidos y excluidos, las fechas de exámenes, etc. de una manera mucho más cómoda.
Ya puestos, podría haber feeds de leyes concretas que informaran de sus modificaciones y facilitaran así la última versión en vigor. Sería muy útil para saber a qué atenerte en una determinada materia. A menudo esas modificaciones están dispersas en numerosos Reales Decretos y leyes que derogan artículos, lo que hace muy difícil saber qué vale aún de lo anterior y qué no, a no ser que vayas a bases de datos con restricciones. Incluso se podrían programar fácilmente conversores de XML a LaTeX y PDF. Hay tantas ideas que ya se están llevando a cabo con normalidad, que el límite en su implementación lo ponen las ganas de llevarlo a cabo, como lo demuestra, por ejemplo, el proyecto Kelsen, de Javier de la Cueva. Lástima que la Administración se limite a cumplir con lo mínimo indispensable.



Esta imagen que parece tan trivial es el símbolo de una revolución a pequeña escala en mi trabajo que quiero difundir. Un día, un compañero me comentó que había empresas en las que las máquinas de café y de agua no tenían vasos de plástico de usar y tirar. Para sustituirlos, habían regalado tazas a los empleados. Así habían conseguido implantar una alternativa más limpia y duradera.


El ordenador desde el que escribo normalmente ya tiene unos cuantos años (más o menos 5) y no puede trabajar demasiado rato sin calentarse más que una estufa de leña. Entonces comienza a ir muy lentamente y a hacerse insufrible su manejo, aparte de que tarda una eternidad en llegar a la pantalla de inicio, primero, y al escritorio de GNOME, después. No tardaré demasiado tiempo en comprarme un portátil nuevo pero no quiero gastarme 700 euros o más. Además, me gustaría que fuese manejable, suficiente para lo que hago normalmente (escribir, bloguear y navegar) y que viniese con Linux de serie, lo que me aseguraría que no tendría hardware incompatible o difícil de configurar como en los ordenadores que son de su madre y de su padre y diseñados para Windows, cada uno con sus problemas.
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