Puede que suene un poco paradójico, pero dado que la lógica nunca ha sido una constante en mi visión de la vida, me da igual. Resulta que cuando estudio una nueva lengua, siento cierta pena cuando llega el momento en el que entiendo su estructura interna, su lógica, y al escucharla la entiendo. Cuando sucede, me doy cuenta de que el reto que suponía aprenderla y el halo de misterio que había a su alrededor han desaparecido. Es como una pequeña muerte en la que dejo atrás un David vacío y acude otro diferente para sustituirlo.

Ahora que tengo un hijo y que estoy aprendiendo el lenguaje del cosmos y de la psique, me cuesta recordar cómo pensaba antes. Me habría gustado crear una copia de mí mismo, congelada en el antes, para compararla con el ahora y con el años-después.

La única manera de tener algún testimonio de mi yo anterior lo encontraré comparando mi manera de escribir actual con las decenas de páginas ya escritas de la novela en proyecto. Desazón por morir y olvidar, por dejar atrás los pasos.

Por David Gil, 3 mayo 2010, 23:03

Añade tu comentario o haz un trackback

Actualmente no Comentarios al artículo

  1. Ningún comentario

Añade tu comentario



Sigue los comentarios relacionados con este artículo a través de un feed RSS 2.0