De entre toda la literatura nacionalista, la literatura de recluta es seguramente la más terrible moralmente. Dirigida a jóvenes melancólicos que buscan desesperadamente un objeto de añoranza y una causa emocional y violenta -como es tu propio cuerpo a esa edad- relata injusticias seculares que enderezar y cuentos conmovedores que atrapan a los que no siguen la manada -el otro llamado de la edad- para convertirlos en carne de cañón. Yo soy de una generación a la que Así se forjó el acero ya le quedaba un poco lejos. Pero tuvimos algo peor, nuestra propia fábrica literaria de carne picada: Las venas abiertas de América Latina, que contó incluso con una secuela poética Memoria del fuego. Galeano fue el quejumbroso Leni Riefenstahl del mundo latoc. Si hay un motivo para esconderse los 12 de octubre es no tener que escuchar a sus epígonos. Ahora que el nacionalismo español se torna afónico en su canto de afrentas históricas, de Numancia a 1808, sólo cabe desear que los otros nacionalismos que nos rodean sigan el mismo camino hacia la nada.

Por David de Ugarte, 13 octubre 2009, 8:24

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