El desconocimiento del escenario
Los novatos en esto de la escritura tienen una habilidad especial para complicarse la vida. Les sale de manera natural. Suelen querer avanzar demasiado rápido y se proponen innovar en la historia o en la ejecución sin controlar las técnicas y los conceptos más básicos.
Por ejemplo, cuando comencé a plantearme el argumento de la novela, se me ocurrió mezclar en el mismo saco niños soldado de África con extraterrestres y un chiquillo ciego con poderes de premonición que se podía poner en contacto con esos extraterrestres y de alguna manera servía de intermediario. El mayor problema de este despropósito de argumento era que África y los niños soldados me son totalmente desconocidos, lo que hacía que los pocos textos que escribí eran inverosímiles y llenos de tópicos. Llegaban a ser ridículos a causa del desconocimiento de la cultura.
Por eso, como escribir ya es lo suficientemente difícil y complejo, lo mejor es que nuestra historia esté ambientada en algún lugar que conozcamos muy bien y donde no haya problemas culturales. No debemos caer en el error de describir una ciudad donde hemos estado unos pocos días de vacaciones de una manera tópica y superficial. Hay que haber vivido ese escenario durante un largo tiempo, pasarlo por nuestro tamiz y contar lo que ha quedado de él en nosotros.
Una historia puede pasar en cualquier lugar, por lo que un lugar conocido nos da la posibilidad de concentrarnos en lo que en realidad es importante, aunque también tenemos la opción de inventarnos el mundo en el que pasa la acción. Eso nos obliga a ser más creativos, pero también nos da más libertad.
El desconocimiento de la historia
Otra tendencia muy marcada es pensar que las estructuras que tenemos en la cabeza y que pensamos que pueden ser interesantes, como elipsis, flashbacks, misterios, etc. es posible plasmarlas en la primera escritura, pero resulta que no es así porque aún no conocemos la historia que queremos contar. Primero hay que escribirla de cabo a rabo y después ya veremos. Seguro que cambiará totalmente: quizás un personaje secundario se comerá al resto, el escenario puede cambiar, uno de los hilos argumentales acaba siendo innecesario o incluso puede que lo encuentres ridículo, etc.
En mi caso, la estructura de mi novela no será lineal, pero sí que la estoy escribiendo por orden. Del pasado al futuro. La estructura final la decidiré cuando lo haya escrito todo. Los flashbacks, las elipsis, las sorpresas y todo aquello que busca añadir interés a la historia los pienso sobre la marcha, pero no los aplicaré hasta que no conozca la historia de principio a fin, en la fase de montaje.
El empeño de narrar en presente
Por último, existe la tendencia, al parecer ineludible, de narrar en presente, cuando es mucho más difícil y menos natural que hacerlo en pasado. Es como si dijeran: «¡no voy a escribir cualquier cosa, voy a ser rompedor!».
Como máximo se puede utilizar cómo técnica. Escribir una primera versión en presente (más próxima al autor) y después reescribirlo en pasado, que es más natural
Para romper las reglas e innovar, intenta partir desde lo más sencillo, que a menudo es lo más efectivo.
del.icio.us
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