Ayer mismo vi un ejemplo muy bueno del concepto implicación emocional en la película Instinto.

(Atención, voy a descubrir una parte importante de la película, por lo que si quieres verla, te aconsejo que no sigas leyendo).

En ella, el prota, llamado Ethan Powell, está empeñado en vivir con unos gorilas en la selva y estos están encantados de acogerle. Durante la convivencia la madre de un gorilita se enfada porque Ethan se ha acercado a su hijo y el prota se queda supercortado. Pero pasa el tiempo y como se hacen más coleguillas, la madre le deja tener al monito. La escena es supertierna: le tira del pelo, le acaricia y Ethan Powell se ríe y los espectadores lloran. Todo el mundo está a punto de caramelo.

Esto es implicación emocional. El director y los guionistas han conseguido que sintamos la escena, que de alguna manera nos emocione. Por eso éste es el momento idóneo para que los cazadores maten a la madre del monito y a cuantos animales grandotes tengan delante. Las dos escenas van una detrás de la otra porque el director quería un contraste que nos hiciera sentir una rabia que de otra manera no habría sido tan intensa. Como repetiré muchas veces, en el cine y la literatura no se deja nada al azar, a no ser que no se sepa lo que se hace.

Por David Gil, 7 febrero 2009, 14:35

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