Después de escuchar en una tertulia (minuto 35) que manifestar la conformidad con los zapatazos lanzados contra Bush es algo repugnante, no puedo resistir hablar a favor de la única contertulia que defendió lo que muchos pensamos.

Está claro que no podemos salir a la calle y liarnos a zapatazos con todo el que piensa de manera diferente, pero es que ni Bush es cualquier persona ni la miseria de Irak se vive aquí. Son circunstancias muy especiales que han hecho que mucha gente hubiera deseado que Bush no sólo no los hubiera podido esquivar, sino que le hubieran dado de pleno, uno tras otro. Si decir esto es repugnante, ¿qué calificativo le damos a lo que ha realizado Bush durante todo su mandato?: Guantánamo, invasión de Irak, Afganistán, recorte de derechos, etc. (por no hablar de la gran trayectoria de EE.UU. poniendo dictadores donde le place).

La imagen de un trabajador lanzando sus zapatos a uno de los personajes más poderosos del planeta es simbológicamente brutal. Es el pueblo contra el poder; un ser humano desnudo frente a otro ser humano desprovisto durante unos segundos de su magnificencia; el vasallo haciendo estremecer al señor feudal; el zapato con el que caminan los iraquíes sobre su tierra contra la cabeza de quien lo planeó todo mucho antes de que sucediera el 11-S.

Bien pensado, Bush puede dar gracias de que fueran dos zapatos inofensivos y no un par de bombas más que probables.

Por David Gil, 29 diciembre 2008, 2:15

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