Las lenguas engañan a menudo. Lo que en un principio parece genuino, puede provenir en realidad del idioma menos esperado. Un ejemplo en euskera es «auskalo», que viene del castellano antiguo «a buscallo» o, traducido a nuestra época, «¡a saber!».

—Non dago? (¿Dónde está?)

—Auskalo! (¡A saber!)

Por David Gil, 30 octubre 2008, 1:03

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