Las lenguas engañan a menudo. Lo que en un principio parece genuino, puede provenir en realidad del idioma menos esperado. Un ejemplo en euskera es «auskalo», que viene del castellano antiguo «a buscallo» o, traducido a nuestra época, «¡a saber!».
—Non dago? (¿Dónde está?)
—Auskalo! (¡A saber!)
del.icio.us
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