Hace unos días fui a ver una lectura dramatizada de mi profesor de novela Edson Lechuga. Me encantó escuchar con su acento mejicano el relato Sonata número 13 para clarinete, que ya conocía pero que igualmente me emocionó, así como los diferentes cuentos oníricos bautizados con el nombre de Soñeus. Son literatura desde la primera letra al último punto.

Conozco su metodología de escritura y ahora mismo vivo en primera persona el enorme trabajo que supone crear una novela. Somos pequeños escultores que, con un martillo y un cincel en las manos, golpeamos con perseverancia el bloque de mármol que tenemos delante.  Nos encontramos alejados del Olimpo, donde el poder se mezcla con el dinero y la importancia de las obras sólo se cuenta en dólares, sin importar si contienen o no literatura.

Estamos tan lejos de esos pedestales como cerca nos encontramos de nuestras palabras. Porque lo único que nos interesa es que la piedra esté bien labrada, que los bordes estén bien pulidos; en definitiva, ser sinceros con nosotros mismos.

He estado mucho tiempo hablando de las obras y de los autores desde fuera. Es hora de que hable desde dentro. Por eso, a partir de ahora, este blog tomará un rumbo ligeramente diferente. Seguiré hablando del expolio intelectual y de los muchos otros temas que me interesan, pero poco a poco incorporaré mi experiencia como aprendiz de escritor y como autor legitimado para hablar como tal. Después de dos años aprendiendo, tengo conocimientos que necesito transmitir, ya sea por (el puro egoísmo de) organizarme las ideas o por (el puro egoísmo de) disfrutar enseñando.

Por David Gil, 19 Septiembre 2008, 18:53

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