Hace ya unos meses que acabé el borrador de lo que será en algún momento mi novela. En realidad eso no supone nada más que el primer paso, aunque por sí mismo tenga un gran valor como meta parcial, y lo que viene a partir de ahora no es lo más fácil. Tengo la historia, pero, como nos dice el profesor siempre que nos ve agobiados por el esfuerzo de sacarla adelante, “No se preocupen, ahora viene lo peor”, en referencia al hartazgo que supone releer y reescribir la novela una y otra vez.

Porque ahora me toca hacer precisamente eso, reescribir las alrededor de 70 páginas que tengo escritas. No se trata de modificar, copiar y pegar, sino de leer lo que tengo hasta ahora, decidir la estructura de la historia y escribirla toda de nuevo con la esperanza de sacar algo mucho mejor de lo que tengo.

Para ello antes el profesor me aconsejó analizar la estructura de algunas obras. Gracias a ello, he aprendido mucho y cuando vi el capítulo 18 de la sexta temporada de CSI Las Vegas “El sospechoso no habitual” me di cuenta enseguida de que debía analizarlo. Sin duda es uno de los mejores capítulos de la serie y vale la pena que lo veas antes de seguir leyendo para que este artículo no se convierta en un spoiler.

Desde el principio, el planteamiento es peculiar: En las duchas de un instituto, una chica llamada Stacey es asesinada. Un alumno llamado Marlon West es el principal sospechoso, pero cuando su hermana, Hannah West, sube al estrado como testigo hostil afirma contra todo pronóstico que ha sido ella quien la ha matado, al tiempo que enseña su camiseta interior manchada de sangre y tierra. Los CSI se ven obligados entonces a investigar el caso para demostrar quién es el verdadero culpable. ¿Marlon, que no tiene ni la inteligencia ni las habilidades? ¿O la hermana, que no tiene ni la fuerza ni la altura necesarias?

A lo largo del capítulo se esgrimen argumentos tanto inculpatorios como exculpatorios sobre ambos sospechosos. Algunos se demuestran erróneos, pero de alguna manera permanecen a modo de poso en el subconsciente del espectador. La confusión se intensifica cuando se baraja la posibilidad de que ambos sean culpables. Además, para que no supusiera una disyuntiva tan clara que podría haberse agotado rápidamente y llegar por ello a resultar aburrida, en un momento dado también sospechan del novio de Stacey.

Veamos primero los argumentos inculpatorios referentes a Hannah West:

  • La camiseta interior que enseña en el juzgado en el momento de confesar tiene la misma tierra que había en la escena del crimen.
  • Hannah ganó un premio sobre el sodio, que es lo que se utiliza para asustar a Stacey en la ducha.
  • Nick y Sara encuentran el libro “Carrie” en su habitación, ¿lo puso ahí a propósito para que lo vieran?
  • Asimismo, encuentran un paquete de guantes de látex, necesarios para manejar sodio.
  • Las huellas dactilares que aparecen en la cortina de ducha son de Hannah.
  • El coche de Stacey, que aparece en la puerta de la casa de su novio, tiene los asientos y el volante regulables. Hannah podría haberlo utilizado.
  • Hannah tenía acceso a la impresora del instituto a través del ordenador personal. Fue con esa impresora con la que se imprimieron los papeles donde ponía “Out of order” (estropeado) y que se colocaron en las duchas para dirigir a Stacey a la que estaba manipulada.
  • Hannah podría haber llegado a la alcachofa de la ducha con una silla. Tenía acceso al sodio y sabía cómo manipularlo.
  • Podría haber transportado el cadáver con un carro de los jardineros.
  • El móvil podría haber sido vengarse por haber sufrido una broma pesada por parte de Stacey.

Por otra parte, estos son los exculpatorios:

  • La sangre de la camiseta interior de Hannah es de Hannah, no de Stacey.
  • Su estatura y peso son demasiado bajos.

Los argumentos inculpatorios de Marlon West:

  • Restos de tejidos y de pelos de Stacey en el lavabo de Marlon y Hannah. Esto deja lugar a ciertas dudas, porque ambos hermanos comparten el cuarto de baño.
  • La ropa que encontraron los CSI se había lavado con lejía, probablemente para eliminar pruebas.
  • Es un chico problemático, siempre metido en problemas.
  • Había dicho en alguna ocasión que Stacey merecía morir.
  • Los padres defienden a Hannah.
  • Tenía acceso al sodio que se utiliza en la clase de química; lo podría haber robado, como se hacía habitualmente.
  • Móvil: el resentimiento por no ser popular y el sentimiento de venganza hacia Stacey por haberle hecho una broma muy pesada a Hannah.

Y los exculpatorios:

  • No tiene las habilidades necesarias para manipular el sodio.
  • No es lo bastante listo para utilizar el ordenador y conectarse a la impresora del instituto.

Es evidente que los guionistas se preocuparon por dirigir la mirada hacia Hannah, ya que el número de argumentos en su contra es mayor. No obstante, eso no habría sido suficiente para influir en la opinión del espectador. Existe una manipulación mucho más sutil de la que sólo te das cuenta cuando ves el capítulo unas cuantas veces y trasciende entonces todo un lenguaje visual muy bien estudiado. Como decía mi profesor de traducción audiovisual, nada está por casualidad, sino que todo está muy bien pensado:

  • Al principio del capítulo, en el momento en que el fiscal pregunta al doctor Robins sobre “cómo murió Stacey”, la cámara apunta a Marlon. ¡En los primeros minutos se nos dice ya quién es el verdadero culpable!
  • También hay pistas falsas, como cuando Nick Stokes se encuentra en el cuarto de baño de Marlon y Hannah. Justo después de decir “Imaginé que Marlon había hecho… algún ensayo” aparece una alfombra con el nombre de Hannah. Nos creemos más aquello que percibimos a través de los ojos que de los estímulos de los otros sentidos.

Por si fuera poco, durante las declaraciones finales del fiscal y la abogada todas las imágenes hablan por sí mismas, esta vez sin ánimo de engañar y de una manera sorprendente, anticipando así el final del episodio:

  • Mientras el fiscal defiende que el autor del asesinato es Marlon, se ven imágenes de Nick Stokes revisando las pruebas que le inculpan (Nick cree que Marlon es culpable). Cuando el fiscal dice “acechó a Stacey”, una mujer del jurado asiente con la cabeza.
  • Por otra parte, cuando interviene la abogada de Marlon, se ven imágenes de Sara Sidle, que considera a Hannah culpable, revisando las pruebas que la inculpan. Tanto al pronunciar la palabra “inocente” como al decir “se tiene que ser un genio”, la cámara apunta a Hannah. La primera aseveración es evidente y la segunda no la contradice porque nos está diciendo que “se tiene que ser un genio para hacer creer a los demás que han pasado cosas que no han pasado”, como afirma Hannah más tarde, en un final de capítulo contundente y que te deja clavado en el sofá.

Lo descubierto con este análisis también se puede aplicar a la escritura de novelas. En su caso son las palabras las que funcionan como una cámara: no se debe decir nada que no tenga un lugar dentro del entramado de la historia, todo debe tener una justificación que de algún modo la dirija. Al mismo tiempo, aquello que planteemos, y la manera en que lo hagamos, permite jugar con el lector para confundirle o darle pistas, según convenga en cada momento.

Por David Gil, 12 Enero 2008, 14:50

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