Estas últimas vacaciones, mientras volábamos hacia los Países Bajos, no me imaginaba que pronto descubriría un debate con tantos rincones grises que informarme sobre ello provocaría replantearme ideas muy asentadas (las que nos inculcan desde todos los medios), y criticar al mismo tiempo todas las otras posturas de alguna manera. Ese debate tiene ahora mismo como centro Amsterdam, la capital europea de la (¿demasiado grande?) tolerancia.
Mi chica y yo no somos amigos de las drogas y ese mundo era para mí completamente desconocido (no os equivoquéis, ahora tampoco consumo). Al pasear por la ciudad encontramos increíble que en muchas tiendas, tanto en las más turísticas como en las especializadas en este tipo de productos (smartshops), se ofrecieran paddo’s (del neerlandés paddestoel), también llamados magic mushrooms, shrooms o setas alucinógenas. Nos quedamos muy extrañados de que algo así fuera legal, ya que pensábamos que sólo lo era la maría y poco más. No nos imaginábamos que alguien con dos dedos de frente se atreviera a comer hongos de efectos impredecibles.
Por otra parte, tengo que apuntar que las setas me han apasionado toda la vida y sin embargo desconocía esas propiedades “alucinantes”. En parte por eso me ha interesado tanto el tema. Desde pequeño, cuando las descubrí gracias a la fantástica guía Blume, me encanta buscarlas. No ya para cogerlas, sino para maravillarme con sus formas y colores. Son como duendes que se esconden debajo de las ramas y las hojas o se atreven a crecer al descubierto, esperando que alguien se fije en ellos.
Esa misma noche, después de la visita a Amsterdam, tuvimos la oportunidad de hablar con la familia neerlandesa sobre el tema. Nos contaron que las setas habían causado varias muertes, como por ejemplo la de una turista francesa de 17 años que en marzo de este año saltó desde un puente. Otro turista se tiró desde la habitación del hotel, esta vez sin acabar con su vida. Un alemán se quitó toda la ropa en pleno centro de Amsterdam y se puso a correr desnudo por las calles y otro más mató a su perro en medio de sus alucinaciones. La culpa, de las lindas setitas.
Todo esto alimentó mi curiosidad y así dejé los Países Bajos: con preguntas que zumbaban sin parar y protestaban por conseguir respuestas. ¿Cómo podía ser que esas setas fueran legales?, ¿tan malas son?, ¿todos esos incidentes son culpa de ellas?, ¿qué efectos tienen?, ¿qué riesgos comportan?, ¿cómo se atreve la gente a tomarlas?, ¿qué hace que sean alucinógenas?, ¿no es peligroso que un producto así sea legal?…
Lo bueno de hacerse preguntas concretas es que te llevan, tarde o temprano, a las más generales y peliagudas: ¿tienen que ser ilegales todas las drogas?, ¿tienen que ser legales?, ¿qué grado de decisión tenemos?, ¿existe suficiente información a nuestro alcance?, ¿tomar drogas equivale a estar perdido?, ¿es bueno que decidan por nosotros?, ¿por qué algunas son legales y sus efectos asumidos y otras estrictamente prohibidas?, ¿qué ventajas e inconvenientes tiene la (i)legalización?
Estas cuestiones surgieron además por sí solas al enterarme de que el gobierno de los Países Bajos quiere que los paddo’s sean ilegales, como lo son en el resto de Europa. Sus principales argumentos son:
- El uso de paddo’s puede provocar efectos impredecibles y comportamientos peligrosos.
- Es imposible garantizar que se puedan limitar las consecuencias de un mal viaje en circunstancias seguras.
- No hay ninguna diferencia, o muy poca, entre el riesgo de usar paddo’s secos [prohibidos desde hace algunos años] y frescos. Las dosis normales de paddo’s secos van desde 1 gramo a 5 y las de paddo’s frescos de 10 a 50 gramos. El argumento sobre la diferencia de dosis entre ambas formas, que se reduce a sólo 5 gramos, no es razón suficiente para que los paddo’s secos estén prohibidos y los frescos no. [Es decir, que son tan peligrosos unos como otros].
- En la mayoría de países de la UE están prohibidos.
Esto era el principio de la historia. Pronto descubriría las reacciones de los que defienden el uso libre de las setas alucinógenas, así como las maneras de conseguirlas, a veces muy ingeniosas; me acercaría a fuentes fidedignas y a testimonios subjetivos para conocer los riesgos; comprobaría una vez más que para acercarse a la verdad uno no se puede limitar a los medios de comunicación tradicionales, sobre todo cuando hay posturas tan marcadas y el gobierno tiene una meta tan clara. Con toda esta información llegué a unas cuantas conclusiones, vivas y por tanto aún bastante dubitativas, pero como mínimo propias e informadas.
Para leer, ver y escuchar todo eso tendréis que esperar al próximo capítulo.
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# 12 noviembre 2007, 7:07 |
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