Supongo que a estas alturas todo humano con conexión a Internet sabe que Radiohead publicará sus canciones el día 10 de octubre con opción a poder pagar lo que uno quiera por ellas, incluso nada de nada. He leído unas cuantas opiniones sobre el tema y uno de los análisis que más me gusta por su acierto en tocar las cuestiones clave es el de Versvs: tiene sus dudas y está expectante por conocer la calidad del audio y si tiene o no DRM.

Por mi parte, antes de hacer nada esperaré a escuchar el disco, como hago siempre. Si fuera de La Mala, de Gatibu, de Vanexxa o algún grupo de los que me encantan, quizás no dudaría tanto, pero por desgracia casi no conozco la música de Radiohead y prefiero ser prudente. Aunque si me gustan, iré a por las canciones y haré lo que podríamos denominar más correctamente “un donativo”, en vez de “una compra”. Sobre todo para demostrar que así sí que se hacen las cosas.

Además, aunque no diré la cantidad, ya he pensado el precio máximo que pagaría por ellas, en caso de que no tuviera DRM y teniendo en cuenta que no te bajas nada más que las canciones, es decir, sin el valor añadido del formato físico, que también tenéis la posibilidad de comprar como cofre para fans y más adelante como CD clásico.

Todo esto lo he dicho dejando de lado el espíritu devolucionista. En realidad considero que esta iniciativa aún está lejos de la situación ideal, ya que con toda seguridad no permitirán la transformación de sus canciones ni el uso comercial. Tendrá las mismas restricciones que una obra CC-by-nc-nd, pero sin el discurso de etiquetas y modas que conlleva esta última opción. Es un paso adelante que con toda seguridad marcará otro punto de inflexión y que hará que muchos artistas se planteen su situación. Por fuerza. Tarde o temprano.

Lo más increíble es que tengan que ser los mismos artistas los que tengan que llevar a cabo iniciativas valientes para mejorar su situación (al darse cuenta de que pueden ser independientes) y que los supuestos expertos en vender, las discográficas, se resistan a cambiar ni un ápice su conducta de maltrato hacia sus clientes, que somos todos nosotros.

Por David Gil, 4 Octubre 2007, 7:07

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