El otro día os conté que fuimos a ver el musical Cabaret y que no nos había gustado, ahora voy a explicar por qué. Tengo que decir que la función no comenzó bien. A las 18:30, que era cuando se suponía que empezaba, salieron relajadamente al escenario algunos actores y actrices. Hablaban con la primera fila, se estiraban, calentaban con sus instrumentos… así se estuvieron no cinco minutos ni diez, sino todo un cuarto de hora interminable durante el que la gente se puso nerviosa. Incluso hubo quien gritó “¿Habéis empezado o nos estáis tomando el pelo?”.
Cuando empezó de verdad enseguida notamos que no tenía nada que ver con la película. Esto nos desconcertó y desilusionó, pero no nos imaginábamos, y lo averigüé después, que lo que estábamos viendo era el musical original, que a su vez se basó en la obra I am a Camera de John van Druten, que a su vez se basó en una novela y en una serie de relatos cortos. Como West Side Story, tiene una larga historia de “cogí esta obra y la transformé en…”.
Al día siguiente vimos de nuevo la película con Liza Minnelli y Michael York y apreciamos las diferencias. Yo lo siento, pero la película me gusta muchísimo más. En algunas escenas los ojos de Liza Minnelli y sus gestos me parecen arrebatadores, entrañables como los de un animalito que adoptarías sin pensarlo dos veces. El argumento tiene un hilo claro: la historia de amor entre una cabaretera y un escritor homosexual en un Berlín cada vez más nazi, lo cual se va viendo a lo largo de todo el largometraje. El final: exquisito. Con razón ganó 8 Oscar (1972), aunque se quedó sin el de Mejor Película, que ganó El Padrino, otra obra maestra.
En el musical, en cambio, no encontré un hilo argumental sólido. Nos llegó al alma sobre todo cuando Sally Bowles llama a Cliff en el Kit Kat night club sin venir a cuento, ya que en teoría no se conocían. El beso entre Cliff y otro hombre tampoco se entiende. Los números musicales, que parecen pegotes, tratan de prostitutas a las bailarinas, incluso en algunos diálogos. Además, las canciones más flojas son las de Fräulein Schneider, que llegan incluso a aburrir.
En fin, creo que la película superó tanto al original que vale la pena volver a verla de vez en cuando y no gastarse el dinero en el musical.
del.icio.us

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