Como veis, este verano me he apuntado a devanarme los sesos , preparar los artículos que publicaré próximamente y estrenar blog junto al nombre de dominio que quería y que decidí hace ya un tiempo. Como novedad señalo sobre todo la creación de mi contextopedia, que evitará que tenga que definir términos en cada artículo y que surjan discusiones debido a malentendidos. Espero que os guste lo que voy escribiendo y que aprovechéis de alguna manera lo que encontréis. Poco a poco iré añadiendo enlaces y modificando el aspecto y el contenido.

Una de mis secciones preferidas será la de cine. Recientemente he podido disfrutar de Brokeback Mountain, basada en el relato corto del mismo nombre escrito por E. Anne Proulx. Se suele conocer por “la película de los dos vaqueros gays”, muchas veces en tono burlón, pero va mucho más allá. Es una película sosegada, sensible, tierna y atrevida. Su director, Ang Lee, ha creado una fotografía espectacular junto a una música muy adecuada. El ritmo, además, huye del frenesí, es apacible, se detiene en los detalles, en los sonidos, en las miradas y en el silencio.

En realidad, si no fuera porque la pareja protagonista se compone de dos hombres que se quieren, el argumento no se diferenciaría prácticamente en nada respecto a cualquier drama de amor. Los conflictos y las diferentes expectativas van marcando las vidas de ambos personajes. Como dos adolescentes, se aman de manera inexperta, casi sin saber cómo.

Para los que la quieran ver en inglés, tened en cuenta que utilizan un dialecto muy “heavy”. Os aconsejo que si no tenéis un excelente nivel, mejor que os pongáis subtítulos en el idioma que prefiráis.

Viéndola recordé cómo las personas y el amor están por encima de todo y éste las une muchas veces de manera caprichosa, por azar, como imanes que no responden de su sexo, sino que se sienten a gusto porque han encontrado a ese alguien que les da lo que necesitan. Por eso, es inútil intentar parar lo imparable. Uno puede tener las preferencias muy claras, pero la vida da muchas vueltas y el amor tampoco debe tener restricciones. Es ciego y debe seguir así.

Es triste darse cuenta de que, como en la película, muchos homosexuales viven una mentira en sus casas y se reprimen porque la sociedad les obliga. Si todos los gays y lesbianas salieran no del armario, sino a la calle, sin tabús y sin máscaras, no me extrañaría que fueran mucho más numerosos de los que pensamos (y, ante la verdad, con toda seguridad muchas familias convencionales se romperían para dejar paso a la creación de las que deberían haber existido desde un principio). Aunque estemos en el siglo XXI, aún hay mucho camino que recorrer.

Enlaces de interés:

Wikipedia

IMDB

Por David Gil, 5 Septiembre 2006, 17:37

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Actualmente 1 Comentario al artículo

  1. Comentario por RitaB

    Antes de nada, ¡feliz regreso vacacional!

    Qué casualidad, David, creo que estábamos viendo la peli en casa, casi a la vez que tú… cuando terminó, me sentí un poco decepcionada, porque entre los documentales y películas que me sugieres, los que apunta en su web Cortell y otros compañeros, el nivel de compromiso y cercanía con la realidad es tal que esta peli me parecía suave, que se quedaba corta. Me parecieron sus protagonistas atrapados en sus cuerpos heteros (o que fingen ser heteros), estaban en las escenas de sexo algo envarados, no sé, tal vez me viene a la memoria Segunda Piel de Gerardo Vera (1995) y claro, me quedo con Bardem y Mollà. Pero cuando regresé al pueblo resulta que la han estrenado en el cine de verano y se ha armado un revuelo muy gordo y, me doy cuenta de que aún existen miles de personas que deben fingir hasta cuando aman en la intimidad porque su vida es una completa mentira si no quieren sufrir palizas, represión, condena social.

    En el pueblo en el que vivo de la Sierra Norte Cordobesa aún los hombres fingen que lo son y la mujeres no osan respirar un aire nuevo y sus manos sólo sirven para acarrear bolsas unos pasos detrás de sus maridos, ceñudos, hostiles.

    Los chicos no lloran tienen que pelear” como decía Miguel Bosé

    El siglo XXI no ha llegado a todas partes a la vez. Desde luego que no.

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